La ética y la transparencia en tiempos de pandemia

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La ética y la transparencia en tiempos de pandemia

2021-05-18T09:37:27-05:0018 mayo, 2021|Artículo Nacional, Noticias|
  1. Contexto actual

La pandemia ha puesto en evidencia una realidad que muchos intentaban ocultar (siendo evidente) o minimizar de forma absurda: la corrupción origina desigualdad, y la desigualdad es una bomba de tiempo.  El COVID-19 ha trastocado los cimientos mismos de los sistemas económicos y políticos regionales, la mayoría con sistemas extractivos en donde prevalece el interés egoísta y la acumulación desmedida de riqueza o poder en pocas(y muchas veces inadecuadas) manos, generando brechas sociales cada vez más abismales, que se han recrudecido o explotado en la cara frente a la actual crisis sanitaria. Estas explosiones sociales que evidencia desigualdad afectan los mismos cimientos de la democracia, que tanto sudor y sangre les ha costado a los países de América Latina. A su vez, la tan afamada globalización que proclamaba la integración económica, también ha demostrado la institucionalización del egoísmo y globalización de la indiferencia, donde algunos países con poder económico pretenden ahogar las economías emergentes y aprovechar su posición para salvaguardar los insumos médicos necesarios para su nación.

 

Si bien la pandemia no discrimina entre país rico o pobre, son precisamente estos países emergentes con   debilidad institucional, donde se esperan los peores escenarios económicos y políticos, con su respectivo declive de los valores democráticos. Aunque este contexto actual pareciera exponer que es la pandemia y la corrupción o crisis institucional el origen de los problemas, hay que ir mucho más allá, mucho más a la raíz: no atravesamos una mera crisis económica, política o social, atravesamos una crisis de valores. Muy bien resume esta realidad el sociólogo panameño Raúl Leis (q.e.p.d), 2009“La fisonomía de la corrupción se perfila no solo como un problema de violación de normas (ilegalidad), sino fundamentalmente como un problema de violación de valores (ilegitimidad)”. Esto ha ocasionado que los mismos cimientos de la democracia se pongan en vilo y en peligro, porque es precisamentedicha crisis de valores la que ha ocasionado la indiferencia hacia la participación, y ha determinado la indiferencia como modo de comportarse social y políticamente. En otras palabras,  “El individualismo sistemático y la apatía cívica pueden considerarse como los dos grandes enemigos de la democracia moderna” (Irizar, 2009).

 

  1. La ética como modo de repensar la democracia

La corrupción ha ocasionado estragos sin precedentes en la democracia moderna, a tal grado que la política ha perdido su finalidad y sentido, convirtiéndose en un término sinónimo de corrupción que genera apatía, frustración y violencia. Frente a este panorama pareciera haber dos opciones, por un lado(y la más fácil) decantarse por una postura pasiva o indiferente, o por otro lado adoptar una postura agresiva y violenta. Ninguna de las dos posturasresponde a un escenario donde la ética impere. La indiferencia social, el desencanto cívico y la violencia social solo son signos de una democracia en decadencia que necesita ser repensada en las mismas bases de sus estructuras y finalidad, porque el modo de comportarse, pensar y actuar políticamente de los ciudadanos es determinante en el funcionamiento de las sociedades democráticas.

 

Es necesario devolver la dignidad del ser humano en el corazón de todas las actividades, tanto públicas como privadas, solo de esta forma se es capaz de superar las barreras individualistas que mantienen los círculos de corrupción y clientelistas, y solo reconociendo la dignidad humana se buscan los métodos pacíficos y de participación activa para incidir en los cambios sociales. Cuando se piensa en el beneficio propio como un mal necesario, o como un modo oportunista de “sobrevivir” en la jungla que representa la sociedad,  los ciudadanos son presas fáciles para caer en las redes de la corrupción y mantener su estructura. Lo que pocos piensan es que este sistema corrupto es una bomba de tiempo, y así lo ha demostrado la actual crisis de salud donde el sistema corrupto mantiene sin compasión las estructuras extractivas que perjudican la búsqueda del bien común. Sin embargo, cuando se adopta una postura mucho más abarcadora y desinteresada, basada en el bien común se abre ante el ciudadano perspectivas e inquietudes sociales que dinamizan su vida política, y hacen ver que el servicio a los demás no solo es una obligación o responsabilidad cívica, sino una forma de comportarse social y políticamente.  En este sentido la perspectiva ética que se requiere para emprender estas transformaciones debe ser una nueva forma de poder político, fundamentado en nuevos valores democráticos, que no se queden en el formalismo, sino que impregnen la vida concreta de las personas (Leis, 2009).

 

  1. La transparencia como mecanismo de legitimidad estatal

La transparencia juega un papel importante en la consolidación de la voluntad estatal y en el apoyo a sus decisiones, y cada vez se hace más urgente y necesario que los procesos democráticos de toma de decisiones sean abiertos, públicos y transparentes en la actual sociedad de las tecnologías de la información y comunicación. Así  expone Ricardo UvalleBerrones:

La transparencia es el camino que permite que el poder no sea inaccesible a los gobernados y es al mismo tiempo, fórmula institucional que combina la administración de la información de carácter público (que está a cargo de los cuerpos burocráticos) y la vigencia del derecho a la información que invocan los ciudadanos en la democracia moderna (Berrones, 2007).

 

La transparencia no solo debe ser una política pública, sino que debe ser la esencia de todo Estado democrático actual. No se trata meramente de un reclamo ciudadano, sino que es una responsabilidad obligatoria del Estado. Solo los estados con transparencia son capaces de formar ciudadanos activos y éticos, y solo los ciudadanos activos y éticos son capaces de exigir un gobierno transparente. Este círculo virtuoso exige un proceso transformador y estructural de la ciudadanía y del Estado. La atención que demanda la ciudadanía no puede quedarse en  un clamor generalizado de descontento por  redes sociales o conversaciones casuales, que solo  agita el escenario político durante pocos días generando un efecto paliativo y efervescente en la conciencia ciudadana,  pero al final, consumido por el sistema, no termina por curar del todo la podredumbre  a punto de hacer metástasis en el cuerpo democrático. A su vez,  el Estado tampoco debe pretender legitimar sus acciones con costosas publicaciones o propagadas vistosas que no hacen mella en una ciudadanía desencantada con la política, sino que debe legitimar todas sus acciones con la transparencia en todos sus decisiones de mando y jurisdicción que permitan un acceso libre y transparente, que permita devolver la fe en la  institucionalidad. Tal como expone Raúl Leis: “La fortaleza del Estado de derecho se expresa en su grado de institucionalización; la democracia, en el nivel de participación de la ciudadanía y en la legitimidad de la representación” (Leis, 2009).

 

  1. La ética y la transparencia en tiempos de pandemia

“A grandes males, grandes remedios” es un dicho popular que puede aplicarse de especial forma en nuestros actuales tiempos. Estamos frente a una crisis sin precedentes que sin duda ha cambiado la ruta histórica de la humanidad, y en la cual el aporte de cada uno es sumamente necesario. La pandemia nos ha hecho ver claro que todos dependemos de los demás, y cada acto que realiza el otro puede repercutir en la vida, no somos islas, somos sociedad. El comportamiento ciudadano enriquecido en valores le hace ser consciente de su papel en la sociedad, y en la actual crisis de salud, seguir los lineamientos establecidos por las autoridades sanitarias para evitar las redes de contagio. Muchas personas inescrupulosas, que bien podemos llamar “no éticas”, representan un peligro para la sociedad en la actual crisis, no solo por su indiferencia, sino porque esa indiferencia puede matar, como ya lo ha demostrado esta nefasta enfermedad de alto contagio. Por otra parte, un gobierno sin transparencia también representa un peligro o arma institucionalizada con propósitos egoístas que puede llevar al fracaso y a una crisis sin precedentes en la nación

 

Esta crisis más allá de desanimarnos nos debe abrir los ojos para construir el futuro que queremos y abandonar la normalidad. No debemos hablar de una nueva normalidad, sino de una nueva realidad. Tal como expone Muhammad Yunus

Deberíamos prepararnos para lograr que el COVID-19 sea recordado, no por las muertes y la destrucción que causó, sino porque generó la oportunidad para que creáramos un nuevo mundo (Alconada, 2020)

 

En este sentido, la construcción y educación en valores es la principal salida para soñar con un mundo más justo e igualitario, que sostenga y mantenga intactos los valores democráticos.  La rendición de cuentas y prevención de la corrupción ayudaría de tal manera que la asignación y distribución de paquetes de rescate económicos de emergencias respondan a la búsqueda del bien común, y no al aprovechamiento oportunista e inescrupuloso de la situación. En ese contexto, la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito han estipulado algunas medidas que deben seguir los gobiernos para que se cumplan con estos propósitos de transparencia en la asignación de recursos, que vale la pena recalcar:

  • Criterios claros, objetivos y transparentes para la calificación de los beneficiarios y receptores previstos.
  • Tener en cuenta los riesgos y vulnerabilidades de los métodos de desembolso y selección de objetivos.
  • Abrir canales de comunicación y divulgación claros para aumentar la conciencia y la comprensión de los beneficiarios.
  • Uso de la tecnología para el desembolso eficiente, transparente y responsable de los recursos.
  • Mecanismos integrales de auditoría, supervisión, rendición de cuentas y presentación de informes para supervisar el proceso de desembolso y verificar la recepción adecuada(Covid-Response- UNODC, 2020).

 

En el actual contexto de la pandemia, sabemos que todos los Estados están haciendo lo necesario para que los paquetes económicos lleguen a las personas afectadas,dando respuesta de forma excepcional a la crisis que atravesamos. Pero es necesario, en este sentido, que los ciudadanos tengan clarosquiénes son los actores económicos, cuál es el costo del paquete de recursos, cómo se está financiando, de manera que haya confianza y legitimidad en el Estado y no se esté haciendo uso indebido del mismo. Precisamente para la consecución de estos propósitos es necesario que se divulguen de forma transparente las finanzas públicas del país, se evite el despilfarro y las prácticas corruptas, y se establezcan medidas u objetivos claros en las políticas públicas que permitan, no solo evaluar el impacto de las medidas en la situación actual, sino de qué forma ayudaron a prevenir efectos posteriores a la pandemia. La transparencia ayudaría a dinamizar el papel del Estado, y evitaría los disturbios sociales o clamores generalizados por casos de corrupción que de hacerse de forma presencial pueden ser focos de contagio.

 

También  los ciudadanos pueden aportar siendo veedores de las políticas públicas adoptadas, cumpliendo a cabalidad las normas sanitarias, aportando y solidarizándose con las personas a quiénes la ayuda estatal se hace ineficiente. Es necesario dejar a un lado la apatía cívica y participar activamente para construir democracia, haciéndonos dueño de nuestro rol en la sociedad. Como menciona Alejandro Llanos, es necesaria la búsqueda del humanismo cívico, entendido como «la actitud que fomenta la responsabilidad y participación de las personas y comunidades ciudadanas en la orientación y desarrollo de la vida política. Temple que equivale a potenciar las virtudes sociales como referente radical de todo incremento cualitativo de la dinámica pública» (Irizar, 2009). De esta forma, apremia la activación de la conciencia y la formación ciudadana. Es ineludible como dice Irizar “un nuevo modo de pensar y comportarse políticamente”. Estamos a tiempo de hacer un cambio revulsivo (no violento) y quimioterapéutico ante tanta podredumbre, a través de la educación y la formación de pequeños grupos, círculos ciudadanos, que vayan despertando la conciencia social,  participen y sean veedores de las instituciones públicas. La formación ciudadana es el  camino para rescatar los valores éticos en la política y recuperar el compromiso cívico de participación activa, sobretodo en estos tiempos turbulentos y volátiles que exigen un comportamiento ético del más alto grado.

  1. Conclusión

La actual pandemia ha puesto en evidencia la crisis de valores, y la importancia de la ética y la transparencia para contrarrestar la crisis económica y sociopolítica que ha traído el virus, y  para adecuar las políticas públicas actuales(con una clara acentuación de intervención estatal) hacia la consecución del bien común. La desigualdad debe ser contrarrestada  con políticas públicas creativas que promuevan los valores cívicos y puedan implementarse no solo en tiempos de crisis. La pandemia nos da la oportunidad de dar una mirada hacia atrás e identificar las equivocaciones y errores que han propiciado la crisis de valores, y apostar por la construcción de un nuevo escenario socioeconómico que resurja como el ave fénix de las cenizas de un sistema corrupto. Si hay algo claro, es que lloraremos a nuestros ancianos y seres queridos que han perdido la batalla contra el virus, pero no debemos llorar al anciano sistema político-económico que ha dado origen a la globalización de la indiferencia y el egoísmo. Ahora es el tiempo de soñar en qué tipo de sistema de salud queremos donde todos y cada uno sea reconocido(el virus no discrimina en términos de estratos socioeconómicos), mantener el equilibrio en la seguridad alimentaria, la protección a los productores, el respeto al medio ambiente, la creación de mejores y eficaces mecanismos de participación ciudadana, el aseguramiento del sistema educativo que ha sido desmantelado con la pandemia(solo algunos reciben educación de calidad, o peor aún, solo algunos pueden recibir educación en tiempos de crisis). Este ideal por aspirar al bien común solo puede darse en una sociedad de valores, o en otras palabras, en una sociedad ética y transparente.

 

Esta no es la primera crisis que enfrenta nuestro país, que ya anteriormente  ha  rescatado la democracia a través de los valores cívicos, sin embargo mantener las estructuras de corrupción actuales  es mantener el statu quo de una crisis en potencia. Es necesario recuperar nuestra sensibilidad social, urge repensar la democracia en términos éticos, volver a poner a la persona y su dignidad en las reflexiones políticas. El ser humano es un ser social, trascendente, capaz de ver más allá de su propia realidad.  Frente a este gran reto es momento de actuar en todos los niveles para que la próxima crisis nos encuentre con bases sólidas en valores. Esto representa una tarea conjunta del  gobierno, empresas, familias, políticos, ciudadanía  para la formulación de políticas públicas inclusivas, que contrarresten la desigualdad y cambien la lógica egoísta y corrupta por la lógica de la ética y la transparencia.

 

Bibliografía:

 

  • Alconada, H. (13 de Junio de 2020). Entrevista a Muhammad Yunus, premio nobel de Paz. La Nación .
  • Berrones, R. U. (2007). Gobernabilidad, transparencia y reconstrucción del Estado. Revista mexicana de Ciencias Políticas y sociales , 97-116.
  • Covid-Response- UNODC. (2020). La rendición de cuentas y prevención de la corrupción en la asignación y distribución de paquetes de rescate económico de emergencia en el contexto de la pandemia covid-19 y sus repercusiones.
  • Irizar, L. (2009). Humanismo Cívico. Bogotá: Fundación Konrad Adenauer, Universidad Sergio Arboleda.
  • Leis, R. (2009). Retratos escritos de la corrupción. Bogotá: Friedrich Ebert Stifung

Hoja de vida Lcdo. Barrera

Asistente legal en la Oficina Jurisdiccional del Segundo Distrito Jurisdiccional- Tribunal Electoral, profesor en la Universidad Latina de Panamá, Integrante de la Red Internacional de Investigación Humanismo Cívico, que lleva a cabo el grupo de investigación LUMEN.

Licenciado en Derecho y Ciencias Política,  mención honorífica, por la Universidad Latina de Panamá;  licenciado  en Economía, por  la Universidad de Panamá, graduado en  capítulo de honor Sigma Lambda. Maestría en Derecho Penal y Procesal Penal-INEJ; máster en Derecho penal Internacional-  Universidad de Granada(España); maestría en docencia superior, universidad Latina de Panamá; Diplomado en Liderazgo para la Transformación, otorgado por el CAF con la USMA; diplomado en Sistema Penal Acusatorio por la Universidad de las Américas.