La afiliación partidista: la dimensión inexplorada de los partidos políticos en Panamá

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La afiliación partidista: la dimensión inexplorada de los partidos políticos en Panamá

2021-06-08T11:30:47-05:0018 mayo, 2021|Artículo Nacional|

La afiliación partidista como objeto de estudio

La caja negra es un concepto (y metáfora) originado en los campos de la cibernética y el conductismo para referirse a un sistema en que puede ser observado y analizado en función de los inputs y outputs, pero manteniendo en opacidad el funcionamiento de sus mecanismos internos. Sabemos de la existencia de la caja negra, incluso sobre cómo puede interactuar con otros elementos, pero desconocemos las exactitudes de los procesos que alberga en su interior. La organización interna de los partidos políticos, incluyendo su membresía, es la caja negra de los estudios sobre partidos y sistemas de partidos (Levitsky 2001, Freidenberg 2005, Wills-Otero 2009). Dentro de los temas clásicos de la ciencia política y de la sociología política, el estudio de los partidos políticos ha animado la investigación politológica en Panamá desde hace bastante tiempo. Desde los análisis del sistema de partidos y su relación con el sistema electoral (Brown Araúz 2007) hasta su democracia interna (Freidenberg 2010), los partidos políticos han estado en el centro de la reflexión sobre la democratización y calidad de la democracia en Panamá. Sin embargo, son severamente escasos los análisis que aborden el fenómeno de la afiliación partidista o la membresía en partidos políticos.

A pesar de los altos niveles de desconfianza en los partidos, que sostenidamente son los peores calificados entre las instituciones políticas democráticas por la ciudadanía panameña, Panamá tiene una tasa altísima de afiliación partidista. Para las últimas elecciones de mayo del 2019, el 51.7% del padrón electoral estaba inscrito en algún partido político. Al final del siglo XX, para las elecciones generales de 1999, la tasa de afiliación (inscritos en partidos sobre el padrón) estaba en 41%. Para las elecciones de 2004 dio un salto de diez puntos porcentuales y, desde entonces, más de la mitad del electorado panameño ha estado registrada en el Tribunal Electoral como miembro de alguno de los partidos políticos existentes.

Situar este fenómeno en perspectiva comparada ayuda a dimensionar correctamente su magnitud. En la ciencia política europea, una de las principales preocupaciones para la salud de las democracias ha sido la hemorragia de membresía partidista, con el tránsito ya conocido de los míticos partidos de masas a la participación disminuida y atomizada en las sociedades líquidas (Bauman 2000). El hundimiento de la afiliación partidista en las democracias europeas es utilizado como un indicador clave a la hora de hablar sobre el déficit participativo y el desencanto con la política representativa (Hay 2007). Los últimos estudios regionales sobre la materia colocan al promedio de afiliación partidista en Europa en 4.7% (Van Biezen et al 2012). El panorama en América Latina es bastante distinto. Sin entrar en detalles sobre las variaciones de las formas partidistas de América Latina en comparación con los tipos europeos (Ramos Jiménez 1995), desde casi 6% en Perú hasta un exorbitante 88% en Paraguay (Došek 2016, Pérez Talia 2017). Panamá se encuentra como el segundo país con mayor afiliación partidista de América Latina con casi 52%. De esta manera, los datos de inscripción en partidos, custodiados por el Tribunal Electoral, muestran a un electorado divido en dos partes, casi iguales, entre aquellas personas que están inscritas en partidos y aquellas que no lo están.

Esto convierte a Panamá en un caso interesante debido a que, en un contexto occidental de fuga de membresía partidista, las altas tasas de afiliación partidista han sido estables por lo menos desde hace quince años. Explorar este fenómeno en perspectiva comparada, histórica y geográfica abre un abanico amplio de oportunidades de investigación para entender mejor cuáles son nuestros partidos, quiénes y por qué pertenecen a ellos y cómo la membresía partidista se entrelaza con otros fenómenos políticos y sociales.

A continuación, presento algunas reflexiones que se desprenden de un proyecto de investigación más amplio sobre partidos y representación política, que incluye apartados sobre la membresía partidista, estos últimos presentados enel Congreso de LASA (Latin American Studies Association) en junio de este año en un panel organizado por el Grupo de Investigación en Análisis Espacial en América Latina, al cual pertenezco. Lo hago con el objetivo de aportar insumos para una agenda de investigación sobre los partidos como organización.

Aunque parezca sencillo, la definición misma de lo que es un miembro de partido político es algo que está en disputa (von Beyme 1985). Como menciono arriba, la membresía partidista ha sido una preocupación constante en la literatura europea sobre partidos. Estudios importantes como los de Susan Scarrow (1996, 2014), van Biezen, Mair y Poguntke (2012), y Bale, Webb y Poletti (2019) prestan atención al fenómeno de la membresía partidista en Europa en perspectiva comparada y a través de rigurosos estudios de caso, desde el apogeo de los partidos de masa hasta el declive de la vinculación formal a los partidos en las últimas décadas.

La estructura interna de los partidos ha sido menos explorada en América Latina, y los estudios sobre membresía partidista son extremadamente escasos (Levitsky 2001, Webb and White 2007, Wills-Otero 2009). No obstante, en la última década esfuerzos se han enfocado en atender este vacío en la literatura, en perspectiva regional y nacional (Muñoz Armenta y Pulido Gómez 2010, Alenda 2011, Combes 2011, Ponce 2013,Ribeiro 2015,Došek 2016, Brollo, Forquesato y Gozzi 2017, Riberio y Amaral 2019). El proyecto de Partidos Políticos de América Latina (PPAL) de la Universidad de Salamanca generó una base de datos con las opiniones, actitudes y percepciones de 665 militantes y miembros de las cúpulas de los partidos políticos de América Latina entre 1997 y 2001. Para Panamá fueron entrevistados miembros de cuatro partidos: el PRD, el Partido Panameñista (entonces Arnulfista), MOLIRENA y Solidaridad. No obstante, sería valioso realizar encuestas a los afiliados y militantes con una muestra mucho más amplia y que sea más representativa, no solo entre partidos sino a nivel territorial. Esto se puede complementar con focus groups para explorar los significados acerca de la pertenencia y militancia en partidos políticos.

 

Afiliación partidista en tiempos de desconfianza e independencia partidista

Para apreciar el contexto en el que se desarrolla la afiliación partidista en Panamá, es fundamental explorar las opiniones, actitudes y percepciones de la ciudadanía panameña sobre los partidos políticos. Los estudios de opinión del Barómetro de las Américas, realizados por LAPOP, nos dan algunas claves para entender la relación de las panameñas y panameños con sus partidos políticos. Desde 2004 se han realizado ocho rondas de encuestas regionales en las que se hacen preguntas acerca de la confianza en los partidos y los grados de simpatía hacia estos. Es preciso contrastar estos datos con los registros altísimos de afiliación partidista formal. Si la membresía en partidos políticos reúne desde hace más de una década a más de la mitad del electorado, esto hace necesario replantearse las relaciones que los partidos desarrollan con la sociedad.

Cuadro 1: Confianza en los Partidos Políticos (I)

Fuente: Barómetro de las Américas (LAPOP) 2004-2019.

La crisis de confianza en los partidos es un tema de larga data, tan viejo como el estudio de los partidos políticos. Los partidos políticos son consistentemente aquellos con grados más reducidos de confianza entre las instituciones democráticas en Panamá, aún más que el presidente, la Asamblea Nacional y las alcaldías. Si bien esa desconfianza había mostrado estabilidad (o estancamiento), en los últimos cuatro años la confianza disminuyó doce puntos drásticamente, hasta llegar a un mínimo histórico de 11.7%. Aún más preocupante es que desde 2016,3 de cada 4 personas demuestran poca confianza en los partidos políticos, lo que resalta con aleccionadora claridad el agudo déficit de confianza institucional.

Cuadro 2: Confianza en los Partidos Políticos (II)

Fuente: Barómetro de las Américas (LAPOP) 2004-2019.

La desafección con la política y los partidos puede también cuantificarse a través del grado en que las personas simpatizan con algún partido político, sin desagregar hacia partidos específicos. La simpatía con partidos políticos particulares se activa principalmente en años electorales. Los cambios más dramáticos en este sentido se dieron entre 2012 y 2016 cuando la distancia entre la simpatía y la no simpatía pasó de 48 puntos en 2012 a unos apretados 8.7 puntos en 2014, durante una de las elecciones más competitivas e inciertas desde 1994, hasta elevarse considerablemente hasta 55 puntos entre la simpatía partidista (22.3%) y la falta de ella (77.7%) en las rondas de 2016/2017. Los niveles bajos de identificación son notorios por su contraste con las tasas altísimas de membresía partidista en Panamá, lo que se examinará más adelante. Curiosamente, en el año 2004 la pregunta sobre simpatía partidista realmente preguntaba si la persona estaba afiliada a un partido y no si simpatizaba con alguno.

Cuadro 3: Simpatía con los Partidos Políticos

Fuente: Barómetro de las Américas (LAPOP) 2006-2019.

 

Rasgos generales de la afiliación partidista en Panamá

Si los partidos políticos están en el centro de la política representativa contemporánea, es preciso adentrarnos no solo al sistema de partidos, sino a los partidos como actores y organizaciones. Uno de los componentes menos estudiados sobre los partidos políticos en Panamá es la dimensión de su membresía. Como ha apuntado anteriormente Brown Araúz (2018), sabemos muy poco sobre las bases sociales de los partidos políticos panameños y cómo han cambiado a lo largo del tiempo. Las bases sociales de los partidos políticos se pueden estudiar en tres niveles: la afiliación partidista, la participación en primarias y el voto por partidos en las elecciones generales. Para el caso panameño, los partidos políticos confían en el Tribunal Electoral el registro y custodia de sus listas de adherentes, las cuales a nivel individual son naturalmente confidenciales, pero se publican a nivel agregado por unidad política-territorial y a nivel nacional. Esto nos permite adentrarnos con algún grado de profundidad en un primer análisis de las bases partidistas y la afiliación a partidos.

Para las elecciones generales de 2019, el Padrón electoral final cuenta con 2,757,823 electores. De este total, 50.2% son mujeres y 49.8% son hombres. Este mismo conjunto de datos muestra que el 51.7% de todos los electores está inscrito en un partido político. Es decir que la mayoría simple de todos los electores registrados para las elecciones generales cuenta con afiliación partidista oficial. Durante el Siglo XXI, en la experiencia electoral panameña, estos han sido los niveles usuales. No contamos con datos de la afiliación partidista general previo a las elecciones generales de 1994, las primeras libres y justas después de la Invasión, pero sí están disponibles para los comicios que le siguieron. En 1999, el 41.1% de los electores que participarían en las elecciones de ese año estaban afiliados en un partido político. Así, desde las elecciones de 2004, el porcentaje del padrón que estaba inscrito en algún partido político ha superado la mayoría simple del electorado.

Cuadro 4: Estadísticas generales sobre afiliación partidista (Elecciones generales de mayo del 2019)

Fuente: Elaboración propia con datos del Tribunal Electoral.

 

Para contextualizar estas cifras es necesario compararla con los promedios de otros países. En una investigación enmarcada alrededor de la crisis de decrecimiento del partidismo en Europa, Ingrid van Biezen, Peter Mair y Thomas Poguntke (2012) encuentran que el promedio europeo ronda alrededor del 4.7% de afiliación partidista, con los casos de mayor afiliación en Austria y Chipre con 17%, mientras que el resto de los casos estudiados oscila entre 0.2% y 0.8%. Mientras tanto, en América Latina el promedio de los niveles nacionales de membresía partidista es de 31.82% entre los registros disponibles (Došek 2016). Lastimosamente no tenemos los niveles oficiales en los países de mayor cercanía regional e histórica a Panamá y que podrían brindar luces interesantes a nivel comparado, como Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua y Honduras. De los casos disponibles, Panamá se encuentra como el segundo país con mayor tasa de afiliación partidista en la región, con 59.7% en 2013 según los análisis de Došek (2016) y 51.7% para las últimas elecciones del 5 de mayo del 2019. El único caso que le supera en esta métrica es el inusual caso de Paraguay, que al momento de registro tenía una tasa de afiliación partidista de 88% del electorado (Pérez Talia 2017). Colocando el caso panameño en perspectiva comparada, las dimensiones de la afiliación partidista, no solo como uno de los aspectos organizativos clave de los partidos políticos, pero también como una manifestación de los vínculos y el arraigo que los partidos tienen en la sociedad, se perfila como un campo fértil de estudio hasta la fecha poco explorado.

Cuadro 5: La afiliación partidista en Panamá

Fuente: Elaboración propia con datos del Tribunal Electoral.

 

Desde que tenemos registros oficiales del nivel de adherentes de partidos políticos, la tasa de afiliación siempre ha sido alta. Hacia las elecciones de 1999, a casi 10 años de la Invasión que propició la transición hacia la democracia de partidos, el nivel de afiliación era del 41% de la población electoral. Para las elecciones de 2004, a cinco años del perfeccionamiento del Estado panameño tras la reversión del Canal de Panamá y el territorio de la Zona, la membresía partidista saltó diez puntos hasta alcanzar 51.9% y nunca bajó de esos niveles, por lo menos durante períodos electorales. Un análisis más meticuloso que muestre las fluctuaciones en membresía mes por mes probablemente nos retrate dinámicas más finamente detalladas, pero esto es un proceso que consume mucho tiempo y se escapa de los límites de este artículo. El punto más alto que se registra durante años electorales fue de 56.6% del padrón en 2009. A pesar del incremento del malestar con la representación (Alvarado De León, en prensa), a pesar de los cambios y continuidades del sistema de partidos los últimos quince años (Brown Araúz y Sonnleitner 2016), la mayoría simple del electorado se ha encontrado inscrita en partidos políticos. Para desgranar aún más, la desagregación de estos niveles de membresía por partido nos permite dimensionar el tamaño de cada partido político en términos de su membresía durante los últimos veinte años, desde 1999 hasta 2019.

Cuadro 6: El tamaño de los partidos políticos panameños

Fuente: Elaboración propia con datos del Tribunal Electoral.

El fin de siglo encontró al PRD, en ese momento el partido de gobierno, a las puertas del nuevo milenio como el partido más grande con una diferencia abrumadora. Con el 21.4% del electorado,más de la mitad del electorado partidista era perredista en 1999. Aquel escenario de dispersión partidista hacía que apenas un partido, el Partido Arnulfista, ahora Panameñista) superara ligeramente el 5% en el mismo momento, con 5.4% del padrón. El salto de membresía entre las elecciones de 1999 y 2004, mencionado en el párrafo anterior, encuentra su explicación en el crecimiento del Partido Arnulfista, MOLIRENA, Cambio Democrático y el conjunto de otros partidos pequeños o nuevos, mientras que el PRD mantuvo el mismo tamaño y el Partido Demócrata Cristiano (ahora Partido Popular) disminuyó en membresía. En los años posteriores, el nivel de membresía de los otros partidos disminuye en la medida en que disminuye el número de partidos en el sistema.  Entre 2004 y 2009, el PRD alcanzó un tamaño histórico entre los registros al aglutinar al 29% del electorado, es decir casi un tercio de la población votante. Entre 2009 y 2014, el PRD se desplomó hasta su punto más bajo con 18.6%, mientras que Cambio Democrático triplicó su tamaño como partido, absorbiendo en ese tiempo a Unión Patriótica así como gran parte de las pérdidas del PRD y superando, brevemente y por decimales, el tamaño de este último por única vez desde que existen datos al respecto. Para las recientes elecciones del 5 de mayo de 2019, el PRD creció en cantidades minúsculas, mientras que los Panameñistas aumentaron su membresía y el Cambio Democrático perdió un tercio de su base, en parte explicable por la escisión del Partido Alianza, para ambos llegar al 12% cada uno.

Observando los cinco partidos que han competido en elecciones de manera constante desde 1999, salvo el Partido Popular que no ha dejado de decrecer, la tendencia general es que todos los partidos crecieron durante el tiempo que estuvieron en el gobierno, mientras que perdieron miembros fuera del poder. Hubo dos excepciones: la primera es el Partido Panameñista, que decreció entre 2009 y 2014, pero cabe matizar que no fue la cabeza de la coalición ganadora y terminó fuera de la administración tras la ruptura de la alianza de gobierno; la segunda fue el PRD entre 2014 y 2019, que creció levemente sin ser gobierno para las elecciones del 2019. Los microdatos del Barómetro nos ayudan a matizar y complejizar sobre la naturaleza y dinámicas de la afiliación partidista. El dato más evidente es que si el 51.7% del electorado está inscrito en partidos, solo el 22.3% de los encuestados en 2016 y 2017 aseguraron sentir simpatía con los partidos; y de este bajo 22.3% se desagrega por partido individual, lo que dificulta las generalizaciones y el cruce con otras variables por tratarse de pocos casos.

Como hemos mencionado, existen pocos estudios que se adentran a la caja negra que es la vida interna de los partidos políticos, pero hay indicios que nos ayudan a profundizar sobre la naturaleza de la afiliación partidista en Panamá. Una encuesta realizada para el Informe de Desarrollo Humano de Panamá de 2007-2008 sobre institucionalidad indagó sobre las razones para inscribirse en partidos políticos en Panamá. A pesar de haberse realizado en la década pasada, muestra resultados interesantes.

Cuadro 7: Razones para inscribirse en un partido político

Fuente: PNUD. Encuesta INDH Panamá 2006.

El 17.4% dice que las personas se inscriben por razones que se podrían clasificar como programáticas, como la tradición (5.8%), la participación en toma de decisiones (5.3%) y los ideales del partido (6.3%). Por otra parte, el 80.7% dice que la inscripción se da por lo que se podría entender como dinámicas clientelares o de patronazgo, como la obtención de un empleo (30.5%) y la búsqueda de beneficios personales (50.2%). En todo caso, si estos resultados ayudan a formar posibles explicaciones sobre la naturaleza de la membresía en partidos políticos en Panamá, no nos dice mucho sobre por qué la gente está en los distintos partidos políticos particulares. Vincular el fenómeno de la afiliación partidista con otros fenómenos informales como el clientelismo, patronazgo y otras formas de vínculos (linkages) entre los partidos y la ciudadanía podría dar luces sobre las dinámicas que animan la abultada membresía partidista en Panamá.

 

Cartografías partidistas: explorando las dimensiones territoriales de la afiliación partidista

Para visualizar las proporciones de afiliación partidista general en el territorio, se construyeron categorías para mostrar los territorios en los cuales un tercio o menos de la población electoral está inscrita en partidos; territorios en los cuales entre un tercio y la mitad del padrón está afiliado; aquellos en los cuales entre la mitad y dos tercios está inscrito en partidos, y aquellos en los cuales más de dos terceras partes del padrón se encuentra afiliado. Si bien el agregado nacional de afiliación ronda entre los 51.7% y 52.5% del padrón, resulta llamativo que solo en cinco corregimientos el porcentaje de afiliados es inferior al 33.3%: Bella Vista (19.3%), San Francisco (26.3%), Ancón (26.6%), Betania (26.7%) y Rufina Alfaro (33.2%), todos los cuales, a excepción del último, pertenecen al centro de la Ciudad de Panamá. Igualmente es preciso destacar que, de acuerdo con el Mapa de Desigualdad y Pobreza de 2015, realizado por el Ministerio de Economía y Finanzas, estos corregimientos son también los cinco con mayor promedio de ingreso per cápita de todo el país, una medida imperfecta pero la que está a disposición a ese nivel de agregación.

Mapa 1: Inscritos en partidos

Por su parte, aproximadamente el 10.3% de los corregimientos estudiados (n = 620), tiene una tasa de afiliación menor al 50% e incluye algunas de las principales cabeceras de provincia y/o sitios de mayor población del país fuera de los cinco arriba mencionados, como Juan Díaz en la Ciudad de Panamá, Santiago de Veraguas, Penonomé en Coclé, la Villa de los Santos, David y Gualaca en Chiriquí, partes importantes deLaChorrera y Arraiján en Panamá Oeste, y el puerto de Cristóbal en la Provincia de Colón. En contraposición a este corredor de relativa baja afiliación, otro sector en el cual la afiliación es menor al agregado nacional es la región atlántica que se extiende desde Calovébora en la Comarca Ngäbe-Buglé y el norte de Veraguas, hasta Coclé del Norte y Donoso, en el occidente de Colón, la parte de esta provincia más alejada del eje interoceánico. Habiendo cubierto el reducido número de territorios con tasas de afiliación partidista por debajo del agregado nacional (51%-52%), debemos explorar el resto del país. En el 64.8% de los corregimientos, entre la mitad y dos terceras partes de la población electoral se encuentra inscrita en algún partido político. Por su parte, en el 24% de los corregimientos estudiados, más de dos tercios de la población electoral cuenta con afiliación partidista.

Buscando aislar casos con comportamiento más extremo (Sonnleitner 2013), definimos umbrales para definir los 5 centiles con mayor afiliación partidista y los cinco con menor afiliación partidista. Como se mencionó arriba, entre los 31 casos con menor afiliación partidista se encuentra el eje canalero, que se extiende desde el corregimiento y puerto de Cristóbal, en la costa Atlántica de Colón, hasta el Panamá metropolitano en el Pacífico, así como las cabeceras provinciales de las Tablas, David, Penonomé y Santiago. Igualmente, dentro de esta categoría de baja afiliación partidista están las tierras altas chiricanas de Cerro Punta y Boquete, la región rural de Río Sereno, fronteriza con Costa Rica. Estos casos entran en el perfil del corredor de población y desarrollo que une a las provincias centrales con el eje transitista de la región interoceánica, más no todas las unidades obedecen a este perfil.

Redondeando los casos están dos corregimientos en uno de los sectores más apartados, geográfica y económicamente, del centro de desarrollo del país, Valle Bonito, en el distrito de Santa Catalina o Calovébora de la Comarca Ngäbe-Buglé, y Calovébora, en Santa Fé de Veraguas, en la cercanía del río que marca el límite de la Comarca y hacia el Atlántico no incorporado por el desarrollo transitista.En particular, Calovébora es uno de los corregimientos más pobres del país, con más de 90% de pobreza general y más de 70% de pobreza extrema; con una población diversa de campesinos, indígenas ngäbe y pescadores afrodescendientes.

 

 

Mapa 2: Puntos extremos de inscripción partidista

A simple vista, la dispersión territorial de los casos de mayor afiliación partidista no parece presentar patrones o similitudes que sí presentan los extremos inferiores (eje interoceánico, cabeceras provinciales, o el Atlántico no incorporado). Estos corregimientos tienen niveles exorbitantes de afiliación; oscilan entre el 76.1% y el 86.3% de la población electoral. Aún más impactante es que en diez corregimientos, ocho de cada diez personas, están inscritas en un partido político. Utilizando la matriz de datos desagregados a nivel de corregimiento (la más pequeña unidad territorial política-administrativa en Panamá) construida con datos del Tribunal Electoral sobre resultados electorales y afiliación partidista y datos socioeconómicos, pudimos encontrar relaciones fuertes entre los corregimientos con mayor inscripción partidista y aquellos con menos ingreso per cápita y menor promedio de años de estudio, dos componentes del desarrollo humano. A través de regresiones no paramétricas con ajuste LOWESS pudimos encontrar que a medida en que aumentan los ingresos y el promedio de años de estudio, disminuye la tasa de afiliación partidista. En el caso del promedio de ingreso per cápita, se optó por una transformación logarítmica como respuesta para la asimetría en la distribución producto del peso de los corregimientos más ricos concentrados en la capital del país. Esta relación es particularmente fuerte considerando que la afiliación partidista y la estratificación socioeconómica son procesos sociales de origen distinto.

Gráfica 1: Relación entre variables de ingreso y escolaridad y afiliación partidista

Fuente: Elaboración propia

Enfocándonos en una sola variable, que en este caso sería la tasa de afiliación partidista para los tres principales partidos para septiembre de 2018, es posible delimitar umbrales bajo distintos parámetros, dependiendo de las preguntas de interés. Con el objetivo de ubicar la distribución geográfica de la membresía de estos partidos, fijamos cortes para crear categorías cuyo número de corregimientos se encuentren en la mejor medida equilibrados y coherentes. Para los partidos Panameñista y Cambio Democrático se establecieron umbrales para crear categorías similares porque tienen distribuciones muy similares de afiliación partidista. Cortando al 10%, 15% y 25% entre los niveles mínimos y máximos, es posible crear cuatro categorías de corregimientos para observar la distribución geográfica de la variable. No fue posible para el PRD porque, aparte de ser un partido más grande, tiene un mayor número de corregimientos altamente densos en membresía. Los umbrales utilizados para CD y el Partido Panameñista no son útiles para capturar de manera relevante la extensión y densidad territorial de las bases de afiliación al PRD. Alternativamente, para la magnitud del PRD adoptamos umbrales más elevados para crear cuatro clases de corregimiento, con cortes a los 15%, 25% y 33.3%.

El PRD, siendo el partido más grande, con umbrales más amplios de densidad de afiliación en el país, tiene sus bases de membresía distribuidas a lo largo del istmo, con fuertes centros de influencia en la Comarca Ngäbe-Bugle, Darién y Veraguas, así como los Santos, Bocas del Toro y Colón. Esto demuestra una mayor capacidad por parte del partido de proyectar poder sobre el territorio. La distribución territorial del Panameñismo se ubica en áreas importantes de la península de Azuero, así como de las provincias centrales y Chiriquí, pero encuentra dos puntos de enorme densidad en la provincia de Herrera, lugar de origen de la familia del último presidente de la República, Juan Carlos Varela, y del presidente del Partido y diputado entre 1994 y 2019, José Luis Varela, y en el corregimiento de Camogantí, en Darién, en el cual el representante de corregimiento desde 2004 hasta 2014 fue Panameñista, para luego ser nombrado gobernador de la provincia. El caso de Camogantí es particular porque es el corregimiento con mayor densidad de afiliación panameñista, pero no tiene similitudes con los corregimientos colindantes, en donde el PRD tiene mayor arraigo. El caso del Cambio Democrático también se puede explicar con la territorialidad de los liderazgos. Los puntos de mayor densidad se encuentran en Soná, de donde es originaria la familia del ex presidente de la República y fundador del partido, Ricardo Martinelli Berrocal, y en Capira, área representada en la Asamblea Nacional por la diputada Yanibel Ábrego, que inició como candidata por libre postulación, pero es actualmente directiva del colectivo. Igualmente, el CD tiene bases de afiliación importantes en Bocas del Toro, Colón y sectores de la Comarca Ngäbe Buglé. Solo se estudian los niveles de 2018, pero la baja densidad en lo que otrora fuese uno de sus bastiones, Panamá Este, se explica por ser la base socio-territorial de su escisión, el Partido Alianza del ex diputado José Muñoz.

En los análisis de las relaciones entre afiliados, voto en primarias y voto en elecciones generales, en los tres casos estudiados (PRD, Panameñista, CD), el patrón fue el mismo. En los tres partidos, la tasa de afiliados tuvo una relación más fuerte con el voto por el partido en la elección presidencial que con la participación en primaria. Las membresías partidistas parecen movilizarse más eficientemente durante las elecciones generales que en las elecciones internas de los partidos. En niveles de participación, aun si es normal que las personas participen más en las elecciones que en las primarias, la baja participación en primarias contrasta con los consistentemente altos grados de participación electoral en Panamá desde la transición.

Cuadro 8: Relaciones entre afiliación partidista, voto en primarias y voto por partido

Fuente: Elaboración propia con datos del Tribunal Electoral.

 

Mapa 3, 4 y 5 La distribución geográfica de la membresía partidista

(tasa de afiliados de PAN, CD Y PRD)

Elaboración con Philcarto – http://philcarto.free.fr/   Juan Diego Alvarado  INED – Tribunal Electoral

 

Conclusiones

La pandemia, por las razones conocidas, había frenado los procesos de inscripción en partidos en Panamá. No obstante, el 17 de agosto se reanudó el servicio de inscripción de adherentes en partidos políticos en formación y partidos políticos legalmente constituidos. De acuerdo con el Decreto 32 del 13 de agosto de 2020, se anunció que en los meses de septiembre y octubre se permitiría, por primera vez, la inscripción a través de medios digitales, poniendo a la disposición de la ciudadanía inscripciones por medio de un canal de atención en línea y kioscos de autoservicio desde septiembre de 2020, y por medio de validación biométrica a través de aplicaciones para dispositivos móviles, para uso de activistas partidistas, con la autorización del Tribunal Electoral, desde octubre. Esta integración digital presentará una nueva dimensión al fenómeno de la membresía partidista, en las estrategias de acumulación de membresía de los activistas y élites partidistas y las relaciones que se generen entre la membresía y el partido.

¿Por qué la mitad del electorado panameño está inscrito en partidos políticos? Considero que esta es una de las preguntas más interesante para entender cómo funciona la política panameña dentro y fuera del contexto electoral. Es vital ahondar esta línea de investigación para poder entender los adentros de los principales protagonistas de la política electoral: los partidos.Se pueden aprovechar enfoques cuantitativos, utilizando microdatos generados por encuestas nacionales y regionales, así como los datos de inscripción agregados al nivel de corregimiento vinculados con otros datos electorales y sociodemográficos para análisis ecológico. Asimismo, se pueden seguir estrategias cualitativas de investigación, incluyendo entrevistas, focus groups y enfoques etnográficos, para explorar lo que significa ser miembro de un partido político, tanto para los afiliados como para las élites partidistas. Sin embargo, quizá la mayor posibilidad nos la presenta la investigación de métodos múltiples, integrando ambos enfoques para pintar un retrato más fiel de la realidad y ayudando a responder con mayor rigor y profundidad todas las preguntas que genera este fenómeno.

Estos enfoques novedosos permitirían sacudir nuestras prenociones acerca de lo que significa pertenecer formal e informalmente a un partido para entender cómo los partidos y la ciudadanía se entrelazan. ¿Qué función tiene la membresía formal en los partidos? ¿Tiene propósitos de movilización electoral, de legitimidad democrática y política o relacionados con el clientelismo y patronazgo? ¿Cómo se relaciona la afiliación formal partidista con la identificación partidista en la moldura de la pertenencia a los partidos? Estas son solo algunas de las preguntas que alimentan una emocionante y poco explorada línea de investigación sociopolítica sobre la caja negra que es la vida interna de los partidos políticos panameños y quienes pertenecen a ellos.

 

 

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Juan Diego Alvarado

Investigador Académico del Instituto de Estudios Democráticos del Tribunal Electoral de Panamá

Politólogo. Maestro en Democracia y Política Comparada por la University College London. Licenciado en Derecho y Ciencias Políticas por la Universidad Santa María La Antigua. Becario del Programa Chevening. Es Investigador Académico en el Instituto de Estudios Democráticos del Tribunal Electoral de Panamá y su trabajo se enfoca en comportamiento electoral, desigualdad, élites y partidos políticos, con interés en la sociología histórica y la geografía electoral. Como profesor universitario ha dictado los cursos de Ciencias Políticas y Teoría de la Democracia. Miembro de la Latin American Studies Association (LASA), la International Political Science Association (IPSA) y de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP). Ha presentado ponencias en el Congreso Latinoamericano de Ciencia Política en 2017 y 2019 y en el Congreso de LASA 2020. Es miembro del Centro de Iniciativas Democráticas, y dirige la Revista Panameña de Política.