El incierto mensaje de las elecciones del 5 de mayo de 2019

//El incierto mensaje de las elecciones del 5 de mayo de 2019

El incierto mensaje de las elecciones del 5 de mayo de 2019

2020-05-07T15:13:29+00:004 mayo, 2020|Artículo Nacional|
  • Por qué gana el PRD las elecciones de mayo del 2019 (33.2%).
  • Qué significa el alto porcentaje logrado por Cambio Democrático en el segundo lugar (31.03%).
  • A qué se debió el triunfo en el tercer lugar de uno de los candidatos de libre postulación sobre el candidato del gobernante Partido Panameñista.

 

Entrar a analizar el resultado de las elecciones del 5 de mayo del 2019 es una tarea que se impone, no solo para los politólogos y estudiosos de la política criolla o cientistas sociales, sino al común del electorado; en síntesis, a toda la ciudadanía. De ello, depende que veamos con luces largas hacia dónde estamos llevando nuestro sistema democrático, si es que realmente interesa conservarlo.

Hay circunstancias que sobresalen en dicha contienda electoral: el porcentaje con el que gana el Partido Revolucionario Democrático, PRD, (33.2%); la diferencia mínima por la que se impone al partido Cambio Democrático (2.18%); y el triunfo aplastante de un candidato de libre postulación sobre el candidato del partido oficialista (el segundo con mayor cantidad de adherentes) en la lucha por el tercer lugar (10% de diferencia).

Son tres aspectos que deben motivar a una reflexión que oriente al electorado sobre el estado de nuestra democracia. Si existen amenazas o, por el contrario, caminamos seguros de que la senda trazada augura horizontes de esperanzas para lograr el tan anhelado desarrollo económico y el fortalecimiento de nuestras instituciones, todavía dentro de las reglas del sistema democrático.

Pero no se debe desviar la atención hacia el margen de votos obtenido por el candidato triunfante, ni hacia  la escasa diferencia del porcentaje que haya logrado el segundo más votado sobre el primero. En otros países de la región, se han dado resultados por márgenes mucho más estrecho. Caso de Honduras en las elecciones del 2017, en las que el vencedor alcanza el triunfo con apenas 1.6% sobre su rival más cercano.

No es la primera vez que en Panamá un presidente gana con el 33% de los votos. En las elecciones de 1994, Ernesto Pérez Balladares ganó con 33.3%. Tampoco es  la primera vez que el candidato del segundo lugar pierde por escaso margen de votos. Mireya Moscoso en esa contienda con Pérez Balladares perdió con 29.1%, lo que representa un margen del 4.1%. En este país, el presidente de la República se elige por mayoría simple de votos. ¿Cuál es la diferencia en esta ocasión?

En lo que respecta, entonces, enfocarse es escudriñar en el mensaje que deja la ciudadanía expresado en las urnas el pasado 5 de mayo.

Un sucinto análisis de las dos administraciones gubernamentales que precedieron a las elecciones generales de mayo del 2019, que, a nuestro juicio, son las que abonaron el terreno para el comportamiento del electorado y los consecuentes resultados que arrojó dicha contienda, puede aproximarnos a algunas respuestas.

Es un hecho que en cualquier país democrático, y aún más en los de bajo nivel de desarrollo económico y altos estándares de corrupción, impunidad e inseguridad, el pueblo acude a las urnas animado por la esperanza de un cambio en ese estado de cosas, que redunde en una mejor calidad de vida, seguridad ciudadana, en el fortalecimiento de sus instituciones; entre otros aspectos que debe promover y proveer un régimen democrático.

En la medida en que ello no ocurre y, por el contrario, con cada elección el pueblo ve frustradas tales aspiraciones, merma la credibilidad en el sistema democrático, en sus intenciones y en el sistema de partidos políticos. Ya no basta con que las elecciones sean creíbles y transparentes, si en quien o quienes el pueblo deposita su confianza para que lo represente, como depositarios del poder popular, lejos de cumplir sus promesas de campaña, llegan al poder a lucrar de su posición a costa de las necesidades y de los intereses mismos de la nación.

Apropiarse de forma impune de fondos del Estado y amañar la aplicación de justicia en estos casos, envía sendos y peligrosos mensajes a la ciudadanía: “el crimen sí paga” y la justicia no alcanza a los peces gordos. Y más aún cuando este es el mensaje que deja cada administración, gobierno tras gobierno; fomentando con ello la cultura de la ilegalidad y el desaliento en las instituciones de justicia; conducta que ante la frustración del electorado, lo lleva a deducir que “todos los gobiernos roban”. Más peligroso todavía es el aberrante conformismo de que si un gobierno roba, que al menos haga obras. Esto no solo inhibe la exigencia de justicia, sino que abre las puertas a la corrupción y otorga patente de corso para que los administradores de la cosa pública lucren de las arcas del Estado y abusen del poder logrado en las urnas. Al final lo que se promueve es un Estado corrupto, donde no importa ya el respeto a la Constitución y las leyes, la honestidad, el manejo eficiente de los recursos de la nación, la rendición de cuentas y el respeto a los derechos humanos. Un Estado así es terreno fértil para gobiernos populistas, que a la postre degeneran en gobiernos autoritarios.

En la administración de Cambio Democrático (2009 – 2014), la danza de millones que se invirtió en obras fue evidente, como también lo fueron los sobrecostos en dichas obras y posteriormente los escándalos de corrupción que se ventilaron en los medios de comunicación, agravado al hecho de la justicia amañada que se ha practicado en muchos de ellos. Los clamores de justicia se ahogaron en los tribunales.

No escapa esta administración a las denuncias de escuchas telefónicas al margen de la ley por parte de la seguridad del Estado, para espiar a los adversarios políticos; situación que llevó al presidente a enfrentar un juicio histórico en los tribunales de justicia, por ser el primero de esta naturaleza que se realiza en el país.

Tampoco es desconocido el control absoluto que asumió el Presidente de casi todas las instituciones del Estado a excepción del Tribunal Electoral, contra la cual arremetió al no lograr sus propósitos de sumisión. Ni los sonados casos de sobornos de la constructora Odebrecht entre cuyos investigados se encuentra uno de los hijos del expresidente.

Pero, cómo llega Cambio Democrático (CD) al poder. En las elecciones generales del 2009, y tras dos intentos fallidos (1999 y 2004), dicho partido se impone como una nueva fuerza política. Su candidato, el magnate de los supermercados, Ricardo Martinelli, es electo presidente por un amplio margen de 60% de votos. Uno de los más altos que registra la historia electoral del país. El hecho marca un hito desde el retorno a la democracia en Panamá en la década del 90, toda vez que acaba con la alternancia bipartidista en el poder que se mantenía entre el Partido Panameñista y el PRD (por ser los partidos con mayor cantidad de adherentes).

El pueblo cifraba sus esperanzas en que esta nueva fuerza política cambiaría el statu quo, mantenido en el bipartidismo desde finales del siglo pasado, y que se cumplirían las expectativas que se tenían desde el retorno de la democracia en 1990: entre estas, una mejor distribución de las riquezas que derivara a su vez en mejor calidad de vida.

A esta administración gubernamental perteneció, en calidad de vicepresidente los dos primeros años de gestión, el candidato presidencial que le sucedió a Martinelli en el cargo (2014-2019), Juan Carlos Varela, pero  cuyo partido, el Panameñista, perdió aparatosamente en las elecciones generales del 2019. Aquella contienda electoral (2014) se dirimió entre tres fuerzas políticas: dos alianzas y, en solitario, el más grande partido político, el PRD. Integraban cada una de estas alianzas el partido Cambio Democrático y el MOLIRENA; el Partido Panameñista (uno de los tres partidos más grandes junto al PRD y al CD), y el diminuto Partido Popular, alianza esta que se alzó con la victoria.

Este resultado le suma diez años fuera del poder al PRD desde la contienda electoral para el periodo 2004-2009, que ganara el expresidente Martín Torrijos, y bajo estas circunstancias llega a las elecciones en el 2019.

La administración que sucedió a la de Cambio Democrático, y que liderara la alianza Panameñista-Popular, con Varela a la cabeza, frente al clamor de justicia que reclamaba el pueblo ante los escándalos denunciados en la recién concluida gestión del CD, se enfoca en una serie de procesos judiciales que motivan la salida del país del expresidente Ricardo Martineli por el temor de ser enjuiciado.

El empeño por los procesos judiciales le hace perder al nuevo gobierno panameñista la brújula en sus propuestas de campaña y la atención a las demandas de soluciones que reclamaba la población. Ello da como resultado una administración lenta en su accionar de gobierno, a la vez que se le tilda de promover una justicia selectiva, ya que en los tribunales solo se investigan casos de denuncias de la pasada administración, no así los que comienzan a salir a la luz pública en esta gestión.

La percepción que se va generando es que los nuevos jerarcas del gobierno caen en las mismas prácticas denunciadas de corrupción que se le hacían a la pasada administración del CD, pero con la diferencia que la economía se contrae; el pueblo, los sectores productivos y empresariales así lo resienten.

Cada vez son más fuertes las críticas y reclamos al gobierno del presidente Juan Carlos Varela. Incluso salta a la palestra el deficiente manejo que se da en este periodo a las investigaciones que se le sigue a la empresa Odebrecht por los sobornos pagados en Panamá, empresa de la cual la campaña del partido del presidente Varela reconoce haber recibido dinero (10 millones de dólares) que califica de donación; lo que es criticado por la ciudadanía que reclama se investigue al presidente. ¿Por qué este tipo de aportes a la campaña de Varela su administración lo denomina como donación, cuando en la gestión de gobierno de Martinelli lo califica de soborno? Es el cuestionamiento del clamor popular.

Además es durante esta administración que se cierra la investigación contra Odebrecht, cuando en el resto del mundo los casos se mantienen abiertos y se escuchan de condenas que involucran a presidentes y expresidentes en otros países. Se dan acuerdos de pena y se le permite a dicha empresa seguir licitando obras en Panamá. Esta situación genera un clima de mayor repudio de la población a la gestión de Varela.

La mala imagen que se granjea la administración Panameñista por la gestión de gobierno es tal que genera una escisión no tan disimulada de su candidato presidencial y alcalde del distrito capital, en la campaña presidencial para las elecciones del 2019.

El consenso en varios sectores de la población era que la administración anterior “robó, pero hizo” y la economía creció;  en esta, además de que se le califica de lenta, se percibe la misma situación de corrupción con el ingrediente adicional de que la economía decrece.

Ante este panorama, descrito, muy grosso modo, se inicia la campaña electoral para las elecciones generales del 5 de mayo del 2019.

Las encuestas daban un amplio margen de triunfo al PRD que lo perfilaban como un sólido ganador en las elecciones. Los resultados desvirtuaron todo pronóstico y, como dicen en hípica, fueron de “foto finish”. Incluso en el proceso de transmisión extraoficial de resultados, que exhibe públicamente el Tribunal Electoral en la medida que avanza el conteo de votos, hubo momentos en que el CD rebasó al candidato del PRD.

Para esta campaña electoral participaron siete partidos políticos: Partido Revolucionario Democrático (PRD), Movimiento Liberal Republicano Nacionalista (MOLIRENA), Cambio Democrático (CD), Alianza, Partido Panameñista (PAN), Partido Popular (PP) y el de los trabajadores Frente Amplio por la Democracia (FAD), más tres candidatos por la libre postulación (Ana Matilde Gómez, Ricardo Lombana y Marco Ameglio). Compitieron en alianza: PRD-MOLIRENA, PAN-PP, CD-Alianza, y en solitario el FAD.

Según las cifras de adherentes de partidos políticos que mostraban las estadísticas del Tribunal Electoral, el PRD contaba al momento de las elecciones con una membrecía que superaba el medio millón de inscritos; el Panameñista (partido en el poder) con más de 360 mil y Cambio Democrático con 352 mil 146 adherentes. En tanto los colectivos que conformaban alianza con estos tres grandes partidos presentaban cifras muy inferiores: MOLIRENA, 83,113; PP, 22,406; Alianza, 32,158 y el FAD, que no fue en alianza, 41,723.

De acuerdo con las estadísticas del Tribunal Electoral, para las elecciones del 5 de mayo de 2019 estaban habilitados para votar 2,757,823 ciudadanos. Los afiliados a partidos políticos sumaban 1,424,515 y los no afiliados, 1,333.308, lo que representa un 48.34% del Padrón Electoral que no está inscrito en colectivo político alguno. En dicha contienda, hubo una participación electoral de 2,013,433 (73%), y la cantidad de votos válidos fue de 1,964,777.

Cuadro N.° 1[1]

Afiliados a partidos políticos y participación electoral

 

  Totales                Porcentajes
Padrón Electoral 2,757,823
Afiliados a partidos políticos 1,424,515 51.65
No afiliados a partidos políticos 1,333,308 48.35
Participación electoral
Participación electoral 2,013,433 73.01
Votos válidos 1,964,777 97.58
Votos blancos y nulos 48,656  2.42

*Fuente: Comisión de Estadísticas Electorales del Tribunal  Electoral

La alianza PRD-MOLIRENA (590,033 adherentes) gana con 655,302 votos y el aporte de su aliado MOLIRENA fue de solo del 54.94% de su membrecía (45,664 votos), lo que representa que el PRD obtuvo 102,718 votos adicionales a su base partidaria, es decir, un 20.26 por ciento más de la totalidad de sus inscritos (ver cuadro N°2). Por el contrario, el CD y Alianza logran en las urnas 609.003 votos. Esta alianza supera por 224,699 votos (58.47%) la cantidad según sus membrecías. A diferencia de la alianza ganadora (PRD-MOLIRENA), en esta el partido aliado le aporta 12,548 más de sus adherentes y el CD logra un respaldo de 212,151 votos, o sea, un 60.25% ajenos al total de la membrecía de este partido (ver cuadro N°2) que presentaban las estadísticas del TE actualizadas a marzo del 2018.

En lo que respecta a la alianza oficialista con el Partido Panameñista, el segundo con mayor cantidad de adherentes en el país (361,664), solo pudo obtener 212,931 votos, 10 puntos porcentuales por debajo del tercer lugar que logra uno de los candidatos de libre postulación, y 187,551 menos de su membrecía. Esto representa que el 51.85% de los propios panameñistas le dio la espalda en las urnas a su candidato.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuadro N.° 2[2]

Elecciones Generales del 4 de mayo del 2019 Resultados presidenciales

 

Agrupación política Adherentes Votos obtenidos[3] Diferencia Porcentaje respecto a sus adherentes
PRD 506,920 609,638 102,718 20.26 Adicional
Cambio Democrático 352,146 564,297 212,151 60.25 Adicional
Libre postulación (Ricardo Lombana) 108,492* 368,962 260,470 240.08 Adicional
Partido Panameñista 361,664 174,113 -187,551 -51.86
MOLIRENA 83,113 45,664 -37,449 -45.06
Alianza 32,158 44,706 12,548 39.02 Adicional
Partido Popular 22,406 38,818 16,412 73.25 Adicional
Frente Amplio por la Democracia 41,723 13,540 -28,183 -67.55
*Firmas reconocidas

 

¿De dónde salieron los votos que le permitieron a CD obtener el porcentaje logrado (31.03%), cuando las encuestas no le daban mayor opción; cuando cuyo expresidente y fundador del partido había sido deportado de EE.UU. a Panamá y se encontraba enfrentando un juicio por supuestas escuchas telefónicas ilegales y existían sobre el mismo otros tipos de denuncia? Su partido y gestión gubernamental eran catalogadas como una de las más corruptas por un gran sector de la población. Una simple observación aritmética podría aproximarnos a una probable respuesta, tomando en cuenta los resultados descritos en los párrafos anteriores, sin dejar de lado que en esta contienda participaron tres candidatos presidenciales por la libre postulación y que uno de ellos estuvo entre los tres primeros lugares.

El tercer lugar logrado por uno de los candidatos de libre postulación fue una de las grandes sorpresas e histórico por ser uno de los porcentajes más altos que alcanza un candidato presidencial fuera de las filas del partidismo político. Pero es que la población panameña muestra un nivel de desencanto (paradójico por demás) con los partidos políticos, quizá aún no tan arraigado como para permitir el paso, en un horizonte cercano, a una candidatura presidencial por la vía de la libre postulación.

¿Por qué las candidaturas de libre postulación en Panamá aún no logran arraigo? Amén de las desventajas que en el Código Electoral enfrenta este tipo de candidaturas ante las de los candidatos de partidos políticos, existen otras dos sencillas razones: o no son tan libres como se hacen ver, o una vez electos, bien pronto dejan de serlo y pasan a sumarse a un determinado partido político. En otras palabras, aún no ha salido un verdadero líder en este terreno.

De los otros dos candidatos por libre postulación es poco lo que se pueda decir dado el bajísimo porcentaje obtenido en la contienda electoral (menos del 5% y del 1%), lo que  viene a corroborar la afirmación anterior. No obstante, sí es de resaltar que pese a que la candidata de libre postulación, Ana Matilde Gómez, que de los tres era la que mayor cantidad de firmas aceptadas tenía (131,415), solo obtuvo un 4.8% en los resultados electorales (92,189 votos); en tanto que Ricardo Lombana, el que menos firmas presentaba, logra un honroso tercer lugar con una aceptación en las urnas de 366,731 votos, es decir, un 238.03% más que la cantidad de firmas que respaldan su candidatura.

Pero ¿a dónde se fueron los votos panameñistas? Sin lugar a dudas, gran parte los acaparó Cambio Democrático. Lo que deja la gran interrogante por qué el pueblo vota por un partido sobre el cual un gran sector de la población es del criterio que “robó, pero hizo”, a juzgar por los escándalos de corrupción denunciados en los medios de comunicación, varios de los cuales se ventilaron y aún se ventilan en los tribunales.

Es sabido en el país que el PRD, por ser este el partido nacido de las entrañas del golpe militar de octubre de 1968, no goza de una aceptación popular más allá de los inscritos en dicho colectivo, caudal que se le considera sus votos duros. A esto súmesele una administración gubernamental (la del panameñismo) que endeudó aún más el país, en la que la economía tuvo un retroceso, los niveles de desempleo y de inseguridad en el país se incrementaron. La engañosa lectura que deja es que la administración anterior fue mejor y este pudiera ser el motivo del alto porcentaje logrado por el CD en las urnas el 5 de mayo del 2019. Dicho de otra forma, la administración Varela dejó servida en bandeja de plata la gran oportunidad que casi le representa al CD el triunfo en las urnas.

¿Se estará acostumbrando la sociedad panameña a que los gobiernos dilapiden los fondos públicos y le den al pueblo las migajas? ¿Que la corrupción sea vista como un mal necesario?

A diferencia de sus hermanos de Centroamérica, Panamá es un país rico, pero con una pésima distribución de la riqueza, aunado a un afán de los gobiernos que llegan al poder por lucrar de los fondos públicos y endeudar cada vez más al país. Una publicación del portal de noticias MSN, que cita a su vez información del portal  5° Poder, (14 de octubre 2019), da cuenta de un informe de la Comisión  Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en que Panamá figura de 4° entre los 10 países más endeudados de la región, “con una deuda externa del 31.6 por ciento con respecto a su PIB”.

En Panamá se dice que el panameño vota oposición por tradición. En lo personal, considero que no es por tradición. La tradición implica otros aspectos heredados de generación en generación. En Panamá, el electorado vota oposición porque cada administración que sale del gobierno deja un rosario de cosas mal hechas, de escándalos, de problemas sin resolver, de políticas impopulares cuando no contradictorias a los intereses mismos del país, que al pueblo no le queda otra opción que cifrar sus esperanzas en otra figura que medianamente le prometa cambiar el statu quo imperante. Crasa decepción al cabo de cinco años. Y este ciclo se repite lustro tras lustro. Hay un resabio popular que dice “las cosas buenas no se cambian”. He aquí la respuesta por qué el panameño siempre vota oposición.

Panamá presenta el nivel más alto de insatisfacción con la democracia de los países de la región, según estudio realizado por el Barómetro de las Américas en 20 países de Latinoamérica, en el que se entrevistaron a más de 31 mil personas entre 2018-2019.

Lo peligroso es que las opciones se acaban y los partidos políticos parecen no darse cuenta de ello. Panamá no puede ser ajeno al reflejo de lo que sucede en países de la región, que han visto sacudida su estabilidad por el descontento social frente a un modelo político-económico que no ha resuelto los niveles de inequidad ni el de la concentración desproporcionada de las riquezas.  Por su parte, las candidaturas por la libre postulación al final defraudan a sus electores, pues una vez logrado el triunfo bien poco demoran como independientes. Nuestra ley electoral solo permite  tres candidatos presidenciales por libre postulación, pero este tipo de candidaturas tampoco parece la gran alternativa. ¿Qué nos queda?; ¿un candidato populista que engañe al pueblo con cantos de sirena y luego en el poder quiera perpetuarse a costa de toda institucionalidad?, como ya ha ocurrido en varios países de la región en abierta violación a sus constituciones.

Tenemos un gobierno que recién inicia su periodo (2019-2024). De la gestión que desarrolle dependerá la decisión del pueblo, a favor o en contra, en el 2024. Lo cierto es que el mensaje que deja la expresión popular del 5 de mayo del 2019 es que el panameño quiere ver crecer su economía y mejorar su calidad de vida, pero a qué costo. ¿Estamos de verdad hartos de la corrupción, la impunidad y dispuestos a hipotecar nuestra democracia?

[1] Cuadro del autor.

[2] Cuadro del autor, omite las dos restantes candidaturas de LP por sus bajos porcentajes (menos del 1%).

[3] Fuente: Comisión de Estadísticas Electorales, Tribunal Electoral.

 

Jorge Bravo

Asesor del centro del Instituto de Estudios Democráticos INED del Tribunal Electoral de Panamá

Periodista – Editor nacional de la revista Mundo Electoral. Se ha desempeñado en los medios de prensa escrita, de televisión y radio. Coordinador y presentador de noticias de radio y televisión. Desde 1990 se ha desempeñado en la administración pública a cargo de la oficina de prensa de varias instituciones del Estado De 1994-1999 periodista-editor de la oficina de prensa de la Presidencia de la República. Escritor de artículos para periódicos y revistas.