DESINFORMACIÓN Y NOTICIAS FALSAS EN CONTEXTOS ELECTORALES

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DESINFORMACIÓN Y NOTICIAS FALSAS EN CONTEXTOS ELECTORALES

2019-11-26T09:37:45+00:0026 noviembre, 2019|Artículo Internacional, Destacado|

DESINFORMACIÓN Y NOTICIAS FALSAS EN CONTEXTOS ELECTORALES

 

A lo largo del hemisferio, diversas crisis sociales, económicas y de seguridad, junto con casos de corrupción en organismos del Estado, agitan a la ciudadanía. Esto hace que los ciudadanos se sientan cada vez más frustrados con el statu quo político y crezcan las dudas sobre si la  democracia representativa pueda cumplir sus expectativas o mejorar su vida cotidiana.

 

De esta forma, el último estudio realizado por la corporación Latinobarómetro[1], en el año 2018, en 18 países de Latinoamérica, en donde se analiza el apoyo a la democracia, señala: “(…) que a lo largo de los 23 años de mediciones realizadas, el apoyo a la democracia declina de manera sistemática año a año hasta llegar al 48% en 2018, siete años consecutivos de disminución. Que la democracia está en serios problemas es un hecho desde hace muchos años. No solo Latinobarómetro, sino muchos otros estudios dieron alerta temprana sobre lo que está sucediendo, hoy solo nuevamente estamos constatando los síntomas de una enfermedad, la diabetes democrática. Se puede constatar que los ciudadanos de la región que han abandonado el apoyo al régimen democrático prefieren ser indiferentes al tipo de régimen, alejándose de la política, la democracia y sus instituciones”

 

En este contexto, según LAPOP[2], el Proyecto de Opinión Pública de América Latina, la mayoría de los ciudadanos de América Latina y el Caribe apoyan la democracia -en teoría-. Sin embargo, este apoyo disminuyó casi un 9% entre 2014 y 2017. En promedio, y de acuerdo con los datos, dos de cada cinco personas en la región no creen que la democracia sea el mejor sistema político. La confianza en las elecciones en nuestra región también ha disminuido consistentemente con el tiempo. Mientras que en 2004 el promedio regional fue de 61.2%, el promedio para el 2017 fue solo de 39.1%.

 

En este escenario, caracterizado por una insatisfacción y desilusión pública generalizada con la democracia, la proliferación de la desinformación y las noticias falsas representan un peligro. Este peligro se profundiza cuando el ciberespacio, mediante campañas de desinformación, noticias falsas y propaganda, se convierte en un mecanismo para influir, de modo inmediato, anónimo y extensivo, en el voto de los ciudadanos.

De esta forma, las campañas de desinformación y las noticias falsas, que no son lo mismo;  explotan y profundizan la polarización y las existentes divisiones sociales. El uso de las redes magnifica y profundiza los desafíos de los sistemas democráticos ante el desencanto ciudadano y los bajos niveles de confianza en las instituciones democráticas.

Me gustaría hacer un paréntesis para reflexionar sobre los términos más importantes con relación a desinformación y noticias falsas. Una noticia falsa que se publica de manera accidental y aislada no es lo mismo que desinformación. El término es frecuentemente utilizado por políticos que buscan desacreditar información veraz que les perjudica o simplemente no les gusta. La desinformación y los ciberataques en elecciones son fenómenos distintos. Uno ataca la capacidad ciudadana de ejercer el voto informado, mientras que el otro ataca el sistema informático de un proceso electoral.

La desinformación contemporánea es un desafío de la era digital. Por supuesto, la información falsa y engañosa siempre ha existido, incluso en los procesos electorales, pero la revolución digital, junto con los cambios exponenciales que conlleva, han reconfigurado drásticamente las esferas políticas y electorales.

La epidemia de mentiras que se extiende entre los electores nos obliga a reflexionar sobre la urgencia de elevar el nivel del debate político con el auxilio de un periodismo ágil e independiente que combata la desinformación y obligue a los candidatos a discutir con seriedad los graves problemas de la agenda pública.

No cabe ninguna duda de que las tecnologías digitales y las redes sociales también han aportado grandes beneficios en muchos campos del quehacer humano, incluidas estas mismas áreas de la política y las elecciones.

Para los partidos políticos nuevos o menores y los candidatos sin estructuras partidistas, las nuevas herramientas y plataformas derivadas de las tecnologías digitales, les permiten enviar su mensaje a un público más amplio. En esta nueva era de campañas políticas, los que utilizan internet y las redes sociales pueden aprovechar las plataformas digitales y los recursos ampliamente disponibles para obtener réditos significativamente más altos.

 

Según el último informe publicado en 2018 por We Are Social y Hootsuite[3] se desprende que el uso de las Redes Sociales ha crecido notablemente en los últimos años. De esta forma se ha llegado a una media de más de 3.000 millones de personas las que utilizan las redes sociales en el mundo mensualmente cada mes. Según el estudio, las redes sociales y plataformas sociales más usadas son Facebook, con más de 2000 millones de usuarios activos.

Por otro lado, la red social Youtube se sitúa en un segundo lugar con más de 1500 millones de usuarios. A continuación, WhatsApp cuenta también con más de 1300 millones de usuarios. Mientras que Facebook Messenger es el servicio de mensajería de la red social Facebook. Este servicio actualmente cuenta con más de 1.500 millones de usuarios.

 

Este escenario me lleva a plantear una interrogante: ¿Las redes sociales ha enriquecido o ha empobrecido el debate sobre lo publicado?

 

Frente a esto, mi respuesta es que hoy por el alcance de las redes sociales (miles de millones de personas) es imposible ausentarse de este espacio, ya que es donde las personas exigen respuestas oportunas, a pesar de la distancia física se sienten cercanas y escuchadas por sus representantes. Así, todos conectados en una red horizontal en el ciberespacio, el debate sin duda alcanza a muchas más personas que antes no participaban del mismo.

 

Debo destacar que las tecnologías digitales han ayudado a expandir el alcance de la democracia. Los ciudadanos comunes ahora tienen acceso sin precedentes a información sobre las elecciones, temas electorales e información sobre candidatos; y pueden participar directamente con los candidatos y las campañas, expresar sus opiniones y participar políticamente. Hay un sin número de plataformas y tecnologías en línea que facilitan esta retroalimentación y dinámica difusión. Estos avances son beneficiosos para la democracia representativa y la participación popular de los ciudadanos del hemisferio.

 

Pero en contraste, como crítica, también considero que el debate político se ha empobrecido por falta de rigurosidad a la hora de interactuar. En consecuencia, el debate en ciertos casos se ha mal utilizado y desnaturalizando a las red;  es como el espacio de interacción, convirtiéndolo en algunas ocasiones en un espacio de desinformación, de noticias falsas e incluso de agresión digital bajo el anonimato.

 

El uso de internet y las tecnologías digitales también tienen su lado negativo. En lo que concierne el mundo de elecciones, las peores tendencias tienen por objeto manipular o falsificar la información que recibimos, con terribles implicaciones para la democracia.

 

Ya hemos visto en las Misiones de Observación Electoral de la Organización de Estados Americanos (MOE – OEA), la diseminación de la información falsa con el fin de apoyar a candidatos específicos o socavar el contexto y la integridad de los procesos electorales en general, así como a los organismos electorales, bajo el manto del anonimato proporcionado por las nuevas tecnologías y plataformas.

 

Nos hemos percatado que existe una tendencia en el hemisferio, en donde las campañas se centran más intensamente en internet que en los medios tradicionales. De esta forma, la desinformación y la difusión de noticias falsas a través de las redes sociales y los servicios de mensajería de internet son masivos y a una velocidad vertiginosa, e incluso se propaga fácilmente a otras plataformas digitales como WhatsApp.

 

Sin embargo, es importante señalar que estos problemas se ven agravados por la rapidez con la que la información falsa, dañina o polarizadora se puede propagar; la disponibilidad de perfiles falsos o anónimos a través de los cuales se puede lanzar ataques a candidatos políticos; y las burbujas de filtro y eco-cámaras, que aíslan a las personas de los puntos de vista de la competencia y tienen el potencial de exacerbar la polarización. La manipulación de la información se considera a la diseminación intencional y masiva de noticias falsas o tendenciosas con fines políticos para causar daño; nadie es inmune a dicho fenómeno. Durante 2018, esto ha sido evidente en los procesos electorales de la región.

 

Lamentablemente, las nuevas tecnologías y su fácil acceso se han puesto al servicio de las  «fakenews» o noticias falsas,  demostrando que es el vehículo más idóneo para amplificar la guerra sucia en las contiendas electorales. Esto no sucede solamente a nivel doméstico,  también tiene brazos transnacionales que van más allá de la soberanía y los sistemas jurídicos de cada país.

La manipulación de la información no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, en la actualidad, opera en un contexto potenciado por el carácter instantáneo de las redes sociales y por la expansión extraordinaria de los teléfonos inteligentes, particularmente entre la población más joven.

La capacidad de internet y las nuevas redes sociales para difundir información se ha multiplicado, incrementando “la relativización de la verdad” en un mundo elástico en la interpretación fáctica.

Lo anterior ha producido una crisis de confianza en los políticos tradicionales, situación que ha catapultado a una nueva generación de “políticos rebeldes” que han sabido exacerbar las contradicciones naturales de los sistemas democráticos.

América Latina es susceptible a la presencia de este fenómeno. El uso masivo de Facebook, Twitter y WhatsApp en las contiendas electorales ha desfigurado el viejo modelo de comunicación política, basado en la prensa escrita y los medios electrónicos.

La atención de la manipulación de la información y su impacto en los sistemas democráticos requiere un análisis integral de parte de los partidos políticos, las instituciones electorales y, por supuesto, de los gobiernos en funciones.

Una respuesta a un desafío transnacional y multisectorial.

Entonces, ¿cómo enfrentar el fenómeno de desinformación y las noticias falsas?

Hoy la ciudadanía de nuestro hemisferio vive en países que celebran elecciones periódicas y competitivas, que cuentan con instituciones democráticas, que permiten el discurso político y la participación de sus habitantes.

 

Sin embargo, la supervivencia y el pleno desarrollo de la democracia y las instituciones requieren el apoyo tácito de los ciudadanos, junto a su rechazo a los modelos autoritarios y no democráticos.

 

La revolución digital presenta oportunidades y desafíos para la democracia. La tecnología es una plataforma inigualable para construir una democracia más participativa y deliberativa. Sin embargo, las nuevas plataformas son utilizadas, de manera cada vez más recurrente, para manipular información, afectando seriamente la integridad de todo sistema democrático.

Por razones de gobernabilidad democrática, es imprescindible la convergencia de todos los actores de la sociedad a través de un enfoque integral que aborde sus dimensiones y consecuencias.

La necesidad de una definición más precisa de qué se entiende por manipulación de la información y la importancia de valorar la amenaza que este fenómeno conlleva para la democracia en su justa dimensión, tener un enfoque de corto, mediano y largo plazo que permita atender el desafío que este fenómeno representa no solo durante los ciclos electorales, sino también para la democracia en su pleno ejercicio.

La información es un bien público. La veracidad de las noticias es esencial para el debate, el funcionamiento y la toma de decisiones en toda sociedad democrática. Cuando la información es objeto de manipulaciones, independientemente de quién las realice o el motivo que tenga para hacerlo, esto conlleva una clara amenaza a los cimientos de los sistemas democráticos.

Es imperativo trabajar en campañas de educación digital y responsabilidad social sobre el manejo de las cuentas personales, buscando que la libertad de expresión no se convierta en libertad de difamación.

La manipulación de la información atenta contra los principios, valores y prácticas democráticas. La atención de este fenómeno debe ser multidimensional y multidisciplinaria, no puede resolverse únicamente con recursos tecnológicos, con visión de corto plazo o con un enfoque simplista.

El uso masivo de herramientas digitales nos obliga a revisar el futuro de la democracia en un entorno cada vez más violento y polarizado. Es indispensable expandir la conectividad con políticas incluyentes, que den acceso a grupos de ciudadanos históricamente marginados y asegurar el uso de plataformas digitales con pleno respeto a los principios democráticos.

Por ello, es vital que el uso de las redes sociales esté ajustado a principios y valores que apuntalen la utilidad de la tecnología digital como herramienta para la transparencia, la rendición de cuentas y el empoderamiento ciudadano. Como en la política, el humanismo y la decencia también se requieren en internet. Michelangelo Bovero[4], señala que “(…) la democracia es incompatible con la acción gregaria. La democracia, en su forma ideal, es una asociación  de espíritus libres.”

La red es un medio ambivalente: puede ser un campo de libertad o un espacio violento y lleno de odio. Nos toca a nosotros escoger. Yo apuesto por la libertad para debatir e interactuar.

El reto no solo es abordar los riesgos inminentes y mitigarlos con estricto apego a los derechos humanos y las prácticas democráticas, sino también apuntalar la resiliencia de los sistemas democráticos y, así, recuperar la confianza pública en sus instituciones y la política. Este será el más grande reto de los próximos años.

El Secretario General de la OEA, Luis Almagro, ha dicho que la democracia no se da por defecto, requiere un trabajo duro. Y esto es la verdad. Asimismo, tenemos que recordar que la democracia constituye una opción, y no persiste siempre.

 

Nos queda un largo y arduo camino por recorrer para asegurar y fortalecer la democracia que refuerza nuestras libertades esenciales y que responda a las necesidades expresadas por los ciudadanos del hemisferio.

 

Fuentes consultadas

LATINOBARÓMETRO, Corporación  Latinobarómetro, Santiago de Chile, 2018.

 

  • edu (2018). “The Political Culture of Democracy in the Americas, 2016/18 – A Comparative Study of Democracy and Governance”. En: www.vanderbilt.edu/lapop/ab2016/AB201617_Comparative_Report_English_V2_FINAL_090117_W.pdf [Último ingreso: 1 Nov. 2018].

 

 

  • We Are Social y Hootsuite (2018). En uso de las redes sociales. En https://neoattack.com/redes-sociales/[Último ingreso: 1 Ago. 2019]

[1]LATINOBARÓMETRO 2018. Se aplicaron 20.204 entrevistas cara a cara en 18 países con muestras representativas de la población nacional de cada país, de 1.000 y 1.200 casos, con un margen de error de alrededor del 3%, por país. Corporación Latinobarómetro, Santiago de Chile.

 

[2]Vanderbilt.edu (2018).“The Political Culture of Democracy in the Americas, 2016/18 – A Comparative Study of Democracy and Governance”.En: www.vanderbilt.edu/lapop/ab2016/AB2016-17_Comparative_Report_English_V2_FINAL_090117_W.pdf [Último ingreso: 1 Nov. 2018].

[3]We Are Social y Hootsuite (2018). En uso de las redes sociales. En https://neoattack.com/redes-sociales/[Último ingreso: 1 Ago. 2019].

[4]MichelangeloBovero, El paraíso de los cobardes. En:https://www.nexos.com.mx/?p=25380[Último ingreso: 1 Ago. 2019]

Francisco Javier Guerrero Aguirre, PhD.

Actualmente es secretario para el Fortalecimiento de la Democracia de la Organización de Estados Americanos.

Doctor en Relaciones Internacionales y maestro en Análisis de Conflictos Internacionales, ambos por la Universidad de Kent en Canterbury, Inglaterra. Es licenciado en Derecho titulado con mención honorífica por la UNAM.

Fundador y Coordinador del Doctorado en Gestión Estratégica y Políticas del Desarrollo y de la Maestría en Economía y Gobierno, así como titular de la Cátedra sobre Reformas Estructurales de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México Norte.

Dentro de sus áreas de especialización destacan: Electoral, Políticas públicas, Asuntos internacionales, Democracia y transición política, Gobierno y Transparencia, entre otras.

Es autor de El papel de la radio y la televisión en el nuevo modelo de comunicación política: Lecciones para México; El voto de los mexicanos en el extranjero: Antecedentes, reflexiones y una mirada hacia el futuro; entre otros libros.