El largo proceso electoral peruano

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El largo proceso electoral peruano

2021-09-03T11:13:25-05:003 septiembre, 2021|Artículo Internacional|

El proceso electoral peruano está durando más de lo usual. Con excepción de que los resultados presidenciales de la segunda vuelta fueran muy estrechos, el mismo día de la elección se conocía quién sería el jefe del Ejecutivo de los siguientes cinco años. Existía una confianza en la precisión de los conteos rápidos y de boca de urna de las principales encuestadoras peruanas y de la Organización Nacional de Procesos Electorales (ONPE). Sin embargo, a 9 de julio de 2021, el Jurado Nacional de Elecciones, la máxima autoridad en justicia electoral, no ha proclamado al próximo presidente. Han pasado semanas de las elecciones.

 

Perú se encuentra aún sumido en la incertidumbre porque se ha asociado al proceso electoral a un “golpe en mesa”. Una frase que la candidata perdedora, Keiko Fujimori, ha planteado, luego que los resultados de la ONPE indicaran que Pedro Castillo posee el 50,13% de los votos válidos, mientras que Fujimori alcanza el 49,87%. Un margen sin duda estrecho, pero que no se aleja de lo que ya le sucedió a la líder del fujimorismo en 2016 cuando Pedro Pablo Kuczynski obtuvo el 50,12%, dejándola fuera de la presidencia por solo 0,24%. El cuestionamiento del proceso electoral tuvo una amplia cobertura por los medios de comunicación y movilizó simpatizantes del fujimorismo. Asimismo, se comenzó a judicializar con solicitudes de nulidades de actas y la impugnación de votos. Ello explica que el proceso tarde más de lo habitual y aún no se pueda reconocer al próximo presidente del Perú. Cabe señalar que el comportamiento de Fujimori fue comparado con el de Trump.

En este artículo se explicará este escenario, así como el proceso de las elecciones en tiempos de pandemia, los resultados fragmentados del Congreso y el poco apoyo de quienes se postularon en primera vuelta y las parlamentarias.

 

  • Nuevas reglas de juego

 

Zavaleta (2014) ha indicado que los partidos políticos peruanos se caracterizan por ser “coaliciones de independientes”, que se caracteriza por la manera en que los políticos se reúnen para una elección y luego se disuelven (Levitsky & Zavaleta, 2019:24). Por otro lado, la necesidad de una maquinaria electoral y organizativa, que los partidos políticos brindan, es reemplazada por un sustituto partidario que logra que los políticos lleguen al poder sin tantos costos y con casos de éxito a nivel nacional y regional. Los sustitutos partidarios pueden recibir el apoyo de empresas privadas. En este sentido, empresarios con éxito han movilizado sus recursos, empleados, infraestructura y redes de distribución de sus empresas con fines electorales, hasta convertirlas en organizaciones de campaña. Este es el caso de César Acuña, dueño de un consorcio de universidades privadas y líder del partido Alianza para el Progreso. La debilidad de los partidos políticos se acompaña del fortalecimiento del personalismo.

 

 

Tras la caída de Alberto Fujimori en 2000 fueron emprendidas varias reformas institucionales y políticas cuya finalidad fue fortalecer la democracia en el país. Sin embargo, debido a que varias de estas reformas no han cumplido su propósito (Tanaka, 2017; Tuesta et al., 2019) el Perú está en una reforma política constante y en un cambio permanente de las reglas de juego electoral. Muestra de ello, es que, en 2020, previo al inicio del periodo electoral, la reforma política se mantenía en discusión. Cabe señalar que la reforma ha sido puesta en debate entre poderes del Estado y sometida a referéndum. A pesar de diversos esfuerzos, hasta la actualidad el Perú es calificado como un caso extremo de descomposición partidaria (Levitsky & Zavaleta, 2019). Esto se expresa en que la mayoría de los políticos son independientes: en cada elección crean su propia lista o negocian su puesto en la misma.

 

Dentro de las reformas, se destaca la de paridad y alternancia de género en las listas de candidatos a la Presidencia, Vicepresidencias de la República, al Congreso de la República y al Parlamento Andino (Ley N° 31030). Así mismo, se realizaron diversas modificaciones con relación a los partidos políticos. Una de ellas se refirió a las causales de cancelación de la inscripción de un partido político (Ley N°30995) para permitir sincerar el número de partidos representativos. Cabe señalar que, en promedio se venían postulando veinte partidos políticos en las elecciones generales, de los cuales menos de la mitad lograba alcanzar representación en el Congreso, pero resultaba un mecanismo por el que los partidos políticos podían utilizarse como medios de alquiler para ingresar al poder.

 

También se modificó la normativa sobre democracia interna estableciendo elecciones primarias abiertas, simultáneas y obligatorias para los partidos políticos, organizadas por las instituciones electorales peruanas. Sin embargo, debido a la pandemia se suspendió para las elecciones generales de 2021. En su reemplazo, se realizaron primarias en las que sus afiliados podían participar solo en 7 partidos de 24. El resto fue a través de delegados.  Asimismo, solo 3 partidos políticos tuvieron elecciones internas con más fórmula presidencial. Es importante señalar que estas elecciones tuvieron una participación de solo el 5% de los afiliados. Por otro lado, un cambio importante fue el impedimento de que personas con sentencias condenatorias en primera instancia por delito doloso, como corrupción, pudieran postular a cargos de elección popular. Por último, se modificaron las reglas de publicidad electoral. Las cuales se discutirán en el siguiente apartado.

 

Estas reformas, a pesar de significar un importante paso en la búsqueda de fortalecer a los partidos políticos, necesitan tiempo para establecerse. Ya que, actualmente, aún persiste características personalistas de líderes partidarios y partidos desinstitucionalizados. Por ejemplo, el 43% de los candidatos se afilió al partido político por el que se postulaba en el último mes antes de vencerse el plazo.

 

 

  • La campaña en la pandemia

 

Las elecciones presidenciales, congresales y del Parlamento Andino se realizaron en un escenario de pandemia. El impacto de la COVID-19 afectó no solo a la salud de los ciudadanos, sino también a su economía y a la política. Según el Instituto Nacional de Estadísticas e Informáticas, la producción nacional disminuyó un 11% en 2020, resultando ser la tasa más baja de las últimas décadas. Asimismo, la población ocupada disminuyó un 13% el mismo año. Por otro lado, Perú ha enfrentado una serie de crisis políticas que resultaron en cuatro presidentes en cinco años y un cierre del Congreso. La inestabilidad política afecta a la ya poca confianza de la ciudadanía en las instituciones democráticas del país.

 

El interés ciudadano por las elecciones fue tardío. 15 días antes de las mismas, el 12% de los peruanos no precisaba por quién votar, mientras que el 17% señalaba que votaría en blanco o viciado. El 27% de lo que podemos calificar como indecisos era altamente superior a la intención de voto de Yohny Lescano (15%) que era el candidato más popular en ese momento.

 

La reforma electoral también significó un cambio respecto al contrato de publicidad en radio y televisión, pues solo se permitía a través del financiamiento público indirecto. En este sentido, los partidos políticos disponían de la franja electoral televisiva y radial que el Estado les proveía, prohibiéndoles la publicidad privada. Asimismo, las campañas también se vieron modificadas por las reglas sanitarias. Los multitudinarios mítines y las dinámicas de abrazos y besos entre candidatos y ciudadanos se vieron suspendidos por la pandemia. Las campañas en redes sociales y el “uno a uno” se volvieron las principales estrategias de los candidatos.

 

Gráfico 1. Intención de voto y resultados de la Primera Vuelta

Fuentes: Ipsos Perú y ONPE. Elaboración propia.

 

Por otro lado, existió una alta fragmentación de la intención de voto. Por ello, el politólogo peruano Carlos Meléndez se refirió a una elección con “mini candidatos”. Este escenario no se parecía a las elecciones generales anteriores, pues, a pesar de que el número de candidatos siempre ha sido alto, la intención de voto de los primeros lugares era atípico. En las elecciones presidenciales de 2016, los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta acumulaban el 60,9% de los votos válidos y en 2011, el 55,3%. Mientras que, en las elecciones de 2021, los dos candidatos más votados solo acumulaban el 32%.

 

La estrategia de conquistar una mayor cantidad de electores moderando los discursos de los candidatos fue reemplazada por la búsqueda de nichos electorales, pues ello era suficiente para llegar a la segunda vuelta. Por otra parte, el electorado se presentaba volátil, pues las intenciones de voto que subían rápidamente caían o se estancaban con igual velocidad. Como se observa en el Gráfico 1, la intención de voto de Pedro Castillo de Perú Libre no figuraba sino hasta dos meses antes de la elección, teniendo un resultado cuatro veces mayor.

 

 

  • Los resultados de la primera vuelta

 

Para estas elecciones, la ONPE dispuso de un protocolo de seguridad y prevención contra la COVID-19. Se medía la temperatura de los votantes y estos estaban obligados a portar mascarilla en el momento de ingresar a los locales de votación. Asimismo, se amplió el horario de votación y se recomendó un horario escalonado a los votantes según su número de documento de identidad y su edad. Esto último generó desorden por la inasistencia de los miembros de mesa.

 

Cabe indicar que las elecciones de la primera vuelta se realizaron en la segunda ola de la pandemia. En la semana de las elecciones, 15 de las 26 regiones se encontraban en riesgo extremo y 6 en riesgo alto. Ello puede explicar la menor participación electoral en las elecciones, a pesar de que es obligatorio el sufragio. Según la ONPE, el 29,9% de los electores no fueron a votar, registrándose la cifra más baja de los últimos 20 años.

 

Por otro lado, como se indicó en la sección anterior, los ciudadanos no presentaron una clara preferencia por alguna de las candidaturas presidenciales. Lo contrario, el voto estuvo altamente fraccionado. A diferencia de otros candidatos, Pedro Castillo de Perú Libre tuvo un crecimiento en la intención de votos significativamente alto y lineal. Lo cual le permitió posicionarse, con una clara ventaja, en el primer lugar entre sus competidores con el 18,9% de votos válidos. Por su parte, otros candidatos que competían por el segundo lugar, tenían cifras muy parecidas: Keiko Fujimori (13,4%), Rafael López Aliaga (11,7%), Hernando de Soto (11,6%) y Yonhy Lescano (9,1%). Cabe señalar que, en el Perú, es elegido presidente aquel que cuenta con más del 50% de votos válidos, de manera que, si ningún candidato logra alcanzar esa cifra, los dos candidatos con mayor cantidad de votos compiten en una segunda vuelta.

 

También se presentó una alta fragmentación en las elecciones parlamentarias. Diez partidos políticos ingresaron al Congreso de la República. Debido a las nuevas reglas electorales, como la paridad, el 38% de mujeres tendrán representación en el Congreso, siendo la primera vez que las mujeres logran una representación mayor al 30%. Por otra parte, ya que la reelección inmediata estaba prohibida, solo 9 de 130 congresistas elegidos contaban con experiencia en el Legislativo. Por otra parte, 101 no registraban haber desempeñado cargos de elección popular.

 

Perú Libre tiene la mayor representación con el 28%, mientras que Fuerza Popular tiene el 18% de los escaños. En este sentido, el partido de gobierno no tendrá mayoría en el Legislativo y deberá generar alianzas con otras bancadas. Es importante señalar que como los partidos son débiles el nivel de negociación no se hace a nivel partidario sino individual lo que alarga el tiempo. Por otra parte, en los últimos 5 años el uso de medidas de control político extremas se ha normalizado, tal como el cierre del Congreso o la vacancia presidencial. Lo cual hace que el próximo Gobierno sea particularmente débil y la gobernabilidad complicada.

 

 

  • La campaña de la segunda vuelta

 

El 75% del electorado no había votado por ninguno de los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta. Para un número importante de ciudadanos, sendas opciones no despertaban entusiasmo. Por un lado, Pedro Castillo era un desconocido, especialmente para la élite. Su principal promesa electoral se refería al cambio de la actual constitución peruana gestada en 1993 en el gobierno de Alberto Fujimori. En este sentido, Pedro Castillo significaba el cambio del statu quo. Por otro lado, Keiko Fujimori es una de las políticas con mayor rechazo en el Perú. Hija de Alberto Fujimori, prometía mantener el statu quo e implementar una serie de programas asistencialistas. Sin embargo, enfrentaba una fuerza política importante: el anti-fujimorismo, que tiene un rol esencial en las elecciones.

 

La campaña en segunda vuelta generó un dramático escenario de polarización. Uno de los mensajes principales de la campaña de Fuerza Popular fue incitar el miedo contra lo que denominaban el “gobierno comunista” de Castillo habida cuenta de que se relacionado con el plan de gobierno de Perú Libre, desarrollado por el líder del partido de “izquierda socialista”, Vladimir Cerrón exgobernador regional de Junín y formado como médico en Cuba. Castillo solo contaba con experiencia pública en el ámbito sindical, al ser líder del sindicato de maestros y su experiencia en política es reducida habiéndose incorporado a Perú Libre apenas unos meses antes de las elecciones.

 

En la campaña, Fujimori y quienes la apoyaban buscaron insertar en el imaginario popular que un posible final de un gobierno de Perú Libre tendría los problemas económicos de Venezuela y de Cuba. En Lima y diversas zonas del país se presentaron paneles millonarios con mensajes de “No al Comunismo”. El miedo hacia el fantasma comunista consiguió contrarrestar, en parte, el rechazo a Fujimori. En campaña, Keiko Fujimori no pedía el voto para ella, sino para la democracia y la libertad. Así cosechó también el apoyo de figuras históricamente anti-fujimoristas, como el premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, así como el de diversos artistas, futbolistas y políticos. En este sentido, Fujimori logró subir exponencialmente su apoyo.

 

 

Castillo, por otro lado, tuvo una relación bastante lejana con los medios tradicionales de la capital. Su estrategia se enfocó en el recorrido por diversos pueblos del país. Castillo se presentaba como candidato del pueblo: “El pueblo es sabio. El pueblo entiende lo que sucede con el país. Y esta vez se ha identificado con alguien que también es del pueblo”, sostuvo después de saberse los resultados de la primera vuelta. El eje fundamental del discurso de Castillo se articula sobre un estatismo social (“economía popular con mercado”) y sobre valores conservadores.

 

Fuente y elaboración: Ipsos Perú

 

  • Un largo proceso

 

Ha pasado más de un mes de que se realizaron las elecciones de segunda vuelta. Sin embargo, aún no se ha proclamado al próximo presidente. Según el conteo al 100% de la ONPE, Pedro Castillo sería el próximo presidente del Perú al obtener el 50,126% de los votos válidos. Sin embargo, Fujimori y quienes se oponen a Castillo han indicado que ha existido un “fraude en mesa”. Esto se contradice con lo señalado por los observadores electorales nacionales e internacionales. La directora de la Asociación Civil Transparencia, Adriana Urrutia, señaló que la jornada electoral se desarrolló en completa normalidad. El proceso se ha judicializado y se han tomado medidas como la impugnación de actas de mesa y pedidos de nulidad.

 

Fuente: ONPE. Elaboración propia.

 

Existe también una división en la sociedad peruana respecto a la elección. Como se puede ver en el Gráfico 2, la mayoría de las regiones del país ha votado a favor de Castillo. De 26 distritos electorales, el líder de Perú Libre supera a Fujimori en 18 (69%). Puno (89,3%), Huancavelica (84,9%), Ayacucho (82,6%) y Cajamarca (71,3%) son las regiones más pobres del país y coinciden con las cifras más altas de apoyo a Castillo. Esto se debe, en parte, a que el candidato de Perú Libre se presentaba como una opción de cambio, no solo económico, sino también en términos constitucionales. A pesar de ello, una parte de la ciudadanía y de la prensa cuestiona el resultado de las elecciones sin aportar evidencias concluyentes. Estos cuestionamientos van a traer consigo un indudable perjuicio a la democracia fatigada peruana. A los severos trastornos que adolece de desconfianza en las instituciones y el descrédito de la propia democracia se añade el malestar generalizado de la población como consecuencia del fortísimo impacto de la pandemia en el país que alcanza una de las cifras más altas del mundo de muertos por millón de habitantes. Una economía relativamente boyante había servido de válvula de seguridad que atemperaba movilizaciones sociales que ahora, no obstante, pueden darse por la situación política en que se ve envuelto el país.

 

 

Referencias

 

Hale, H. (2006). Why Not Parties in Russia? Democracy, Federalism, and the State. New York: Cambridge University Press.

 

Levitsky, S., & Zavaleta, M. (2016). Why No Party-Building in Peru? In S. Levitsky, J. Loxton, B. Van Dyck, & J. Domínguez (Eds.), Challenges of Party-Building in Latin America (pp. 412-439). Cambridge: Cambridge University Press. doi:10.1017/CBO9781316550564.015

 

Tanaka (2017) Personalismo e institucionalización. La reforma de los partidos políticos en el Perú. Instituto Peruano de Economía Social de Mercado- IPESM

 

Tuesta, F.; Muñoz, P.; Campos, M.; Bensa, J. & Tanaka; M. (2019) Hacia la democracia del Bicentenario. Comisión de Alto Nivel para la Reforma Política. Lima: Konrad Adenauer Stiftung (KAS)

 

Zavaleta, M. (2014). Coaliciones de independientes. Las reglas no escritas de la política electoral. Lima: Instituto de Estudios Peruanos (IEP).

 

 

 

Manuel Alcántara Sáez

Español. Doctor en Ciencia Política por la Universidad Complutense de Madrid (1994). Es catedrático y miembro del Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca y profesor invitado de la UPB (Medellín). Fue primer secretario de la Asociación Latinoamericana de Ciencia Política (ALACIP) (2002-2007). Sus principales líneas de investigación en el ámbito de la política comparada, con especial interés en América Latina, versan sobre partidos políticos, procesos electorales, problemas de la democracia representativa y élites políticas. Acaba de salir publicada la segunda edición de su libro El oficio de político (Madrid: Tecnos).

Katherine Zegarra Díaz

Peruana. Magíster en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca y consultora para organizaciones internacionales e instituciones estatales. Ha trabajado en el Congreso de la República del Perú y en ONG especializadas en democracia. Sus principales líneas de investigación son los estudios legislativos y de género, procesos electorales y democracia.